Astrid se levantó, golpeando el escritorio con sus manos mientras la silla se estrellaba en el piso. —¿Cómo que no responde? —preguntó, moviéndose con rapidez para dirigirse a la puerta. —Le he estado llamando toda la mañana, señorita Sheldon. El teléfono suena, pero nadie atiende —respondió Connie caminando detrás de Astrid. —Intenta comunicarte de nuevo a la casa Marshall —le pidió, abriendo la oficina de Dylan y cerrándola antes de que Connie la siguiera. Astrid se fijó en cada detalle de la oficina. El móvil de Dylan continuaba en el mismo lugar de ayer, también la billetera y el saco. Un vacío se le abrió en la boca del estómago y un nudo le apretó la garganta. Se acercó lenta y temerosa al escritorio. Tomó el celular, dándose cuenta de que estaba en vibrador, lo dejó en el mismo

