Los dedos del brujo iban dejando huellas brillantes sobre la piel de la espalda de Kúrinna, ella estaba acurrucada sobre su pecho y sus labios se unían en un apasionado beso. El hechizo poco a poco iba tomando forma, uno igual se iba dibujando sobre el hombro del brujo, un hechizo de seguimiento, mientras el corazón de Kúrinna latiera él lo sabría, sentiría sus latidos como suaves aleteos en su hombro. La amaba, la amaba demasiado y sabía que el tiempo de ella se estaba acabando, la vela de cristal ahora era totalmente oscura, apenas y habían unos pocos espacios más claros. Cincuenta o sesenta años a lo sumo le quedaban a la bruja, Zahorg había hablado con su hija y le había dicho que en el momento en que Kúrinna muriera el se iría para nunca más volver. Hilma había aceptado la vol

