Rudbek se detuvo cerca del lugar en dónde el hechizo y las marcas de Burcka estaban, la sangre hervía en sus venas, quería atacar a ese vampiro y convertirlo en cenizas por tocar a Burcka, pero debía esperar, no podía perder todo por su impetuosidad. La octava pata de araña se elevó y lo mismo hicieron las dagas en las manos del cazador, en la visión de Rudbek todo ocurrió al mismo tiempo. La pata de araña se clavó con fuerza y Rudbek sintió un ligero pinchazo en la base de la nuca, la esfera se completó y empezó a girar, parecía estar buscando su camino de regreso al interior del vampiro, las dagas se clavaron en la espalda de Arulás y sus hojas penetraron hasta atravesar sus pulmones. La esfera tembló cuando el contacto entre el vampiro y Burcka se cortó de golpe y se desintegró de

