Kúrinna se marchó de la casa del pantano con lágrimas en los ojos, había tenido quince años para prepararse en cuanto al tema de dejar a Gyria, había pensado que la vería marcharse como un lobo (blanco) una noche, pero nunca imaginó que debería dejarla a su suerte entre los humanos. Abrió un portal hacia cualquier parte y lo cruzó, volteó para ver en donde estaba y se encontró de pie frente al manzano marchito, su manzano marchito, las lágrimas se agolparon y lloró como lo había hecho aquella fatídica noche. Su llanto no duró tanto ni fue tan amargo como aquel, fue frustrante ver a su hija convertirse en una simple humana, Blauth había tenido razón al suponer que su hija sería humana. «... nace hermosa como tú y con mi naturaleza humana...» Kúrinna se puso en pie y tomó su sortija,

