Blaidd subía los escalones en silencio, Hilma tiraba de su mano mientras no dejaba de hablar, él en verdad no estaba poniendo atención, se sentía horrible. — Blaidd, ¿Qué te pasa, aún te sientes enfermito? El cachorro observó los ojos caoba de su pequeña tía, ella había intentado varias veces hacer uso de su autoridad como tía de Blaidd, pero tenían la misma edad, el cachorro no se había dejado intimidar por el rango generacional y había exigido que el más fuerte sería quién mandara. Los niños habían terminado sentados llorando y con un gran moretón en sus frentes, no solo tenían la misma edad, tenían la misma estatura y la misma fuerza, y en ese momento el mismo golpe. Habían decidido posponer el derecho a mandar hasta que cumplieran los veinte años, así podrían ver quién era más f

