Bailu frotaba su hocico contra el vientre de Gyria, su cachorro estaba creciendo bien dentro de ella, esa noche cuando supieron que esperaban a su primer hijo tuvieron que dejar de lado la caza de los vampiros. Sería difícil para ella moverse con el vientre grande y Bailu se negaba a poner en peligro a su cachorro a pesar de que Gyria le había dicho que no se iba a poner en peligro ni haría ningún esfuerzo. Debían seguir moviéndose, ellos no tenían ningún lugar fijo y no pensaban regresar a las tierras de los Argbum, estar entre los humanos aún cuando sabían de su naturaleza era cómo estar atrapados. Decidieron mantenerse en lugares apartados, en esa época en que el invierno se acercaba las cabañas deshabitadas se encontraban por doquier, los pastores ya se habían llevado a sus rebaño

