Salí de la casa y vi cómo Sara se marchaba junto a Tomás, ambos subiendo a su auto mientras me lanzaban miradas cómplices. No pude evitar sentir una mezcla de nervios y curiosidad al quedarme sola. Esperaba a Hernán, quien no tardó en aparecer detrás de mí. —Estás hermosa, —me susurró al oído, lo que me hizo estremecer. Giré para mirarlo, y sus ojos brillaban con esa intensidad que siempre lograba desconcertarme. Antes de que pudiera decir algo, Hernán tomó mi mano con firmeza y me guió hacia la camioneta que estaba estacionada cerca. Me extrañé al ver que íbamos a subirnos en ella, algo dentro de mí pensaba que tal vez la "cita" sería algo más sencillo, pero claramente Hernán tenía otros planes. —¿Dónde vamos? —pregunté, aún con cierta desconfianza, intentando mantener mi voz firme. —

