Despierto lentamente, sintieindo la calidez de las sábanas a mi alrededor. La luz del día se cuela por la ventana, iluminando la habitación con un suave resplandor. Me estiro, intentando deshacerme de la pesadez que aún se aferra a mis músculos. Pero, al abrir los ojos, me doy cuenta de que estoy sola. La cama, antes compartida con Hernán, ahora está vacía a mi lado. Una punzada de inquietud me atraviesa. ¿Dónde estará? Me levanto con cuidado, sintiendo el suave roce de la tela contra mi piel. La habitación tiene un aire tranquilo, casi demasiado tranquilo, y mi corazón comienza a latir un poco más rápido. Me asomo al pasillo y llamo por su nombre. —Hernán —mi voz resuena en el silencio, pero no obtengo respuesta. La ausencia de su voz me preocupa. Decido bajar las escaleras, con la esp

