Asentí levemente, incapaz de articular palabra alguna. La noche aún no había terminado, y sentía que lo que fuera a ocurrir cambiaría las cosas para siempre. Salimos del club, el aire fresco de la noche me golpeó suavemente en el rostro, ayudándome a despejar un poco la confusión y el torbellino de emociones que sentía. Hernán caminaba a mi lado, con paso firme y seguro, sin soltar mi mano. —¿Adónde vamos? —pregunté, intentando sonar relajada, aunque mi curiosidad era evidente. Hernán sonrió de medio lado, sin dejar de caminar hacia su auto. —Te llevaré a un lugar especial para mí —respondió, manteniendo el misterio en su voz. Subimos al auto, y mientras Hernán arrancaba, me quedé mirando las luces de la ciudad pasar rápidamente por la ventana. No pude evitar pensar en lo que acabab

