El ambiente en Stamp era tan frío como siempre, con la típica calma que escondía todo lo que realmente sucedía en ese club. Los empleados iban y venían, como sombras bien entrenadas en mantenerse al margen. Al cruzar la puerta, lo primero que vi fue a Peter con su eterna expresión dura. —¿Qué haces aquí? —preguntó sin rodeos, su tono seco. —Necesito una copa —respondí de forma irónica, aunque por dentro no podía evitar preguntarme qué era lo que siempre le molestaba cuando yo aparecía en el club. Peter me miró con la misma seriedad de siempre, casi burlándose de mí sin mover un músculo. —Espera aquí, le avisaré al señor que estás aquí —dijo, dándose la vuelta sin más. Me quedé sola por unos momentos, observando el lugar. Había algo inquietante en el ambiente, como si debajo de esa nor

