Después de pasar todo el día en la casa de la playa, regresé a casa con una mezcla de sensaciones. El sonido del motor del auto resonaba en mis oídos, pero mi mente estaba en otro lugar, repasando cada momento con Hernán y las conversaciones que habíamos tenido. Apenas crucé la puerta, mi teléfono vibró en el bolsillo. Miré la pantalla y vi el nombre de mi madre. Respiré hondo antes de contestar, preparándome para la típica llamada llena de preguntas. —Hola, mamá —dije, intentando sonar despreocupada. —Hola, cariño. ¿Cómo estás? —me saludó con su tono familiar, pero siempre algo inquisitivo. —Bien, bien. ¿Cómo está la abuela? —pregunté, ansiosa por cambiar el tema hacia algo menos comprometido. —Mejor, mucho mejor. Está comiendo mejor y ya está más animada —respondió ella, con un toqu

