El toque de la fusta sube lentamente por mi cintura, cada movimiento enviando una corriente de anticipación a través de mi cuerpo. Esta vez, cuando el cuero golpea el mismo punto sensible, estoy preparada. Mi cuerpo reacciona al instante, estremeciéndose con esa mezcla de dolor y placer que se entrelazan de manera adictiva. Él sigue caminando a mi alrededor, su presencia palpable aunque no lo vea. El siguiente golpe me sorprende en el pecho, directo al pezón. Echo la cabeza hacia atrás, mientras mis sentidos explotan en un zumbido que electrifica cada fibra de mi ser. Otro golpe, esta vez en el otro pecho, me deja jadeando, los pezones tensos, duros, casi dolorosamente sensibles. No puedo evitar gemir, tirando de las muñequeras, deseando una liberación que no llega. —¿Te gusta esto? —s

