Era hora de despedirnos, así que salimos todos juntos. Thomas sigue durmiendo en mis brazos, lo cual no me importa en absoluto. Le he tomado cariño.
—Voy a acompañar a Da... al señor Fernández y a Laura para llevar a Thomas al coche, estaré allí en un momento—, le digo a mi padre, y él asiente con la cabeza a David a modo de despedida.
—Frida, ha sido un placer conocerte; si nos volvemos a ver, no dudes en saludarme—, dice la madre de David mientras me da un beso en la mejilla y me pone la mano en la otra, sonriendo. Le da un beso en la frente a Thomas y abraza con fuerza a sus hijos.
Stefan me sonríe y se inclina para besar a Thomas en la frente.
—Ha sido un placer conocerte, Frida. Aunque ojalá nos hubiéramos conocido de otra manera. Me he dado cuenta de cómo te mira David. Nunca miró así a Renata, así que, por favor, no le rompas el corazón, porque es doloroso verlo.
Le cojo la mano y se la aprieto.
—Te lo prometo—, le digo.
Después de que se marchan en el coche y desaparecen de nuestra vista, coloco a Thomas en su sillita y le abrocho el cinturón. Cierro la puerta del coche y me doy la vuelta para ver a David frente a mí.
—Te recogeré por la mañana, ¿te acuerdas de enviarme la dirección, vale?—, me dice mientras me besa en la frente.
—Vale.
Me giro hacia Laura y le doy un abrazo.
—Son tan tiernos los dos—, susurra, y se inclina hacia atrás para sonreírme. Una vez que ella está en el coche, me vuelvo hacia David. Por suerte, ha aparcado lejos, así que mi padre no puede vernos. Me agarra por el cinturón, igual que yo hice antes con él.
—Rayos, eres impresionante—, me susurra en los labios.
—Tú también, guapo—. Sonreímos mientras nos besamos y, con tristeza, nos separamos.
—Vale, envíame un mensaje esta noche, cariño—. Me sonrojo ante sus palabras y asiento con la cabeza antes de dirigirme al coche de mi padre.
Me siento en el asiento trasero mientras Lily ocupa mi lugar. A mi izquierda está Lacey, mordiéndose el labio, perdida en sus pensamientos.
Empezamos a conducir hacia la casa de mi padre, lo que nos lleva una eternidad debido al tráfico.
—Tienes tanta suerte de tener a David como profesor—, se queja Lacey.
—¿Por qué?—, pregunto.
—¿Lo has visto? Es literalmente tan atractivo... No me importaría tener un pedacito de él—, responde Lacey a mi pregunta.
Lily se gira hacia nosotras.
—Bueno, pronto se va a divorciar, quizá puedas pasarte por su trabajo y preguntarle si podrían ir a comer juntos—. Lacey asiente y luego se gira para mirarme.
—¿En qué clase está?—, me encojo de hombros.
—No creo que esté listo para lanzarse a una relación... además, probablemente no seas su tipo—, le digo.
Ella se burla.
—Claro que soy su tipo... y tú quieres decir que tú no lo eres—, no puedo evitar reírme de ella hasta que alguien se detiene junto a nosotros en la gasolinera. Es como si hubiéramos atraído su presencia.
—Ahora vuelvo—, dice Lacey. Pongo los ojos en blanco al verla acercarse a él. Apenas ha salido del coche.
—¿Alguien quiere algo cuando entre?—, pregunta mi padre.
—¿Puedo pedir...?
Ignoro las palabras de Lily y decido ir también al coche.
—Frida, no, ella está intentando ligar con él—. Cierro la puerta ante sus palabras y me acerco a ellos. No hay nadie en el coche. Solo David.
—Vaya, quería saludar a Thomas—, digo. David me mira aliviado y sonríe.
—Se ha ido de compras con Laura—, explica.
—Frida, me gustaría hablar del trabajo que me enviaste. Solo nos llevará unos minutos—. Se vuelve hacia Lacey: —¿Puedes decirle a Matthew de mi parte, cariño, que ella tardará solo unos minutos y que hablaré contigo en otro momento?—. Me doy cuenta de que se ha estremecido al oír la palabra “cariño”, pero era lo único que podía hacer para que ella se largara.
Después de pagar, aparca el coche en otro sitio. Está a punto de hablar, pero me llega un mensaje al móvil.
Papá: Sé lo importante que es para tus estudios... Son solo las 7 de la tarde, ¿te importa si el señor Fernández te lleva a mi casa?
Miro a David y le pregunto qué me ha pedido mi padre, a lo que él acepta encantado.
Yo: “Está bien”, dijo.
Papá: Vale, dejaré la puerta abierta, no te quedes hasta tarde.
Yo: No lo haré.
Levanto la vista y sonrío. No tengo oportunidad de decir nada cuando me empuja hacia un beso apasionado. Me atrae hacia él, de modo que ahora estoy en su regazo, y me agarra el cul0 antes de darme una palmada.
—¿Mi diosa ha estado celosa?—. Me sonrojo y asiento con la cabeza.
Palmada
—¿A quién le pertenezco?—, pregunta.
Palmada
—Dímelo.
—A mí... me perteneces—, sonríe con aprobación.
Palmada
—Bien... ¿y a quién le perteneces tú?
—A ti—, respondo.
Me acaricia la n4lga y baja el asiento.
—Alguien podría vernos—, le digo.
—Mira a tu alrededor, la gasolinera está casi a oscuras... Mis cristales están tintados, así que nadie puede vernos—. De hecho, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que no hay nadie.
Me muerdo el labio y empiezo a desabrocharle la camisa blanca y la corbata. Se las quito, dejando al descubierto su cuerpo tonificado con abdominales marcados. Deslizo la mano por su pecho. Me inclino y le beso el cuello. Asegurándome de dejar otra marca.
Le beso la mandíbula y subo hasta que sus labios se unen a los míos.
—Qué sexy—, me susurra contra los labios.
Me levanta el top corto, dejando al descubierto mi sujetador n***o de encaje. Me lo quita también mientras, al mismo tiempo, me desabrocha los vaqueros. Lo cual consigue con éxito.
Ahora solo llevo puesto mi tanga n***o de encaje.
—Preciosa—, me dice mientras me masajea el pecho y sus labios se posan en mi p3zón, rodeándolo con la lengua.
—J0der—, gimo.
Puedo sentir cómo me mojo. Él sonríe mientras sus manos se deslizan dentro de mi tanga.
—Estás tan mojada para mí—, me susurra al oído.