Orgasmo descarado

1004 Words
Me rodea con sus brazos y gime de placer en mi nuca. —Hueles bien—, susurra mientras me besa la nuca. —David. ¿Y si alguien se entera?—. Me da la vuelta y me coloca el pelo detrás de la oreja. —Si alguien se entera, tendremos que borrar todas las pruebas, cariño, hasta que te gradúes. Sé que es difícil no tocarnos en la universidad, pero no podemos permitir que a los demás se les ocurran ideas—. Asiento con la cabeza y me acerco más a él. —Démonos una ducha juntos—, le susurro. Se lame el labio y sonríe con picardía. —Vale—, me levanta de la cama y me coloca sobre la encimera. Lentamente me quita la pequeña camiseta de seda, dejando al descubierto mis pechos de copa C, y los acaricia con ambas manos mientras me besa el cuello y me lo muerde, pero no demasiado fuerte. Le desabrocho la camiseta y deslizo la mano por sus abdominales duros como una roca. Me muerdo el labio y casi me corro solo con mirarlo. Me quita los pantalones cortos y se dirige a la ducha. La abre y vuelve hacia mí quitándose los pantalones cortos y los calzoncillos; su p0lla erecta sale rebotando. Me levanta en brazos y me lleva a la ducha, que tiene unos preciosos azulejos negros con grifos de oro rosa. El agua que gotea por nuestros cuerpos es tan relajante. El cabezal es lo suficientemente grande como para dos personas. Coge lo que parece ser el champú de la que pronto será su exmujer y me mira en busca de aprobación. Asiento con la cabeza y empieza a masajearme el champú en el cuero cabelludo. No pude evitar que un gemido se escapara de mi boca mientras él seguía usando sus manos mágicas. Me lo aclara y me sorprende ver que me lava el pelo dos veces, aclarándolo y luego aplicándome el acondicionador. Tengo que admitir que el champú y el acondicionador huelen muy bien, pero no me apetece tener el pelo a lavanda. Va a por el gel de baño de lavanda, pero lo detengo. —No quiero oler como una lavanda andante—, se ríe y usa el suyo en su lugar. En lugar de la esponja, usa las manos, y yo estoy más que encantada de dejar que las pase por mi cuerpo. Va de mis hombros a mis brazos, vientre, pechos, espalda y se toma su tiempo en mi cul0. No puedo evitar admirar cómo le caen las gotas de agua de su sexy pelo mojado y su mandíbula definida, y ni siquiera me hagas hablar de su barba. J0der, me encanta su barba. Levanto la mano y le toco la barba. Le beso la mandíbula. —Mi turno. Cojo su gel de baño/champú y empiezo a masajearle la cabeza, asegurándome de llegar a cada centímetro. Él apoya la cabeza contra la pared y gime. J0der. Ya sabes, cuando ves una de esas fotos en las que el chico echa la cabeza hacia atrás y lo único que se ve es su cuello y piensas: “Vaya, qué sexy”. Así es como me siento ahora mismo. Termino con su pelo y ahora viene mi parte favorita. Le lavo el cuerpo, empiezo primero por el cul0, riéndome, y luego sus abdominales, sus brazos musculosos y, por último, me agacho para lavarle las piernas. Envuelvo con mis manos su p0lla grande, gruesa y húmeda y la masturb0 arriba y abajo. —J0der, cariño, así, así—. Levanto la vista hacia él, que tiene la cabeza apoyada en la pared, con el labio inferior metido en la boca y los ojos cerrados. Veo cómo el s3men gotea de su p0lla y empiezo a moverme más rápido mientras mi boca se lleva sus pel0tas. —J0der—, me aparta el pelo mojado de la cara y me levanta para poder besarme. Me empuja contra la pared. —Quiero que me f0lles, David—, me levanta y siento la punta en mi clít0ris, lo que hace que el latido se intensifique. —Estoy limpio, nena, ¿tomas anticonceptivos?—. Asiento con la cabeza. —Yo también estoy limpia—, eso es todo lo que tuve que decir antes de que se metiera dentro de mí de un golpe. Estoy gimiendo sin control tras la tercera embestida. —¿Te gusta que la gran p0lla de papi te la meta en este...—, me acaricia el clít0ris, —¿c0ño precioso?—. Asiento, pero él me agarra por el cuello y me aprieta, aunque no demasiado fuerte. —Dilo—, me susurra. —Sí, j0der, me encanta, más rápido—, y de hecho me penetra más rápido y lo único que oímos son nuestros gemidos, gruñidos y el chapoteo del agua. Le chupo el cuello asegurándome de dejarle un chupetón. Él me p3netra con más fuerza. —¿A quién perteneces, nena?—, me pregunta. —A ti—, y acelera el ritmo. —¿A quién le pertenezco yo?—. Puedo sentir cómo mi orgasmo y el suyo van creciendo hasta que... —Sé que no soy yo—, nos damos la vuelta al ver a Renata mirándonos con los brazos cruzados. David me mira, todavía dentro de mí. —Por favor, sigan, los reto—, se sienta en la encimera pensando que no vamos a terminar. —¿Qué? ¿Tienen miedo de que los haya pillado con tu alumna y ahora no puedan terminar? Ese es mi castigo —, amenaza a David. —A la mi3rda—, empieza a empujar dentro de mí y le sonrío a Renata, que se queda con la boca abierta. Gimo tan fuerte que ni siquiera me importa que nos oigan los vecinos o Renata. Nos corremos al mismo tiempo y nos miramos sonriendo. —Eres mío—, le digo.
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