El señor sexy

958 Words
—Frida, despierta de una vez, j0der—. Siento un empujón y de repente me caigo de la cama. —¡Ay, qué c0ño!—. Me froto el cul0 y me levanto del suelo. Miro a Lana con cara de enfado. —¿Por qué has hecho eso?—, le pregunto. Ella cruza los brazos. —Tienes media hora para vestirte, vamos a llegar tarde a la universidad. Abro mucho los ojos y corro a la ducha. Me doy la ducha más rápida que puedo y sigo con el resto de la rutina: lavarme los dientes, peinarme, ponerme rímel y bálsamo labial. Vuelvo a mi habitación y veo que Lana me ha elegido la ropa. Tenemos el mismo gusto en cuanto a ropa, así que no tengo que preocuparme por lo que elija. Mientras vamos en coche a Starbucks, pido un chocolate caliente y algo para comer rápido, ya que hoy no he desayunado. —Ojalá supiera conducir—, digo mientras nos detenemos en un semáforo en rojo . Lana me mira y sonríe con sorna. —Te lo he ofrecido muchas veces, Frida, si querías que te enseñara, pero siempre te has negado—, me dice mientras volvemos a arrancar. —Sí, eso es porque conduces fatal—, le digo. Ella se lleva la mano al corazón y exclama: —Conduzco de maravilla... ¡Mira por dónde vas, idiota!—, grita por la ventanilla. Niego con la cabeza mientras me río: —Ha sido culpa tuya—, le digo. —Sí, pero nadie tiene por qué saberlo—, dice mientras sube el volumen de Sorry, de Justin Bieber. Llegamos a la universidad y salimos del coche. —Me pregunto quién será nuestro nuevo profesor, ojalá sea más simpático que el anterior—, dice Lana mientras saca mis maletines y los suyos del asiento trasero. —Gracias—, le digo cuando me pasa mi maletín. —Yo también lo espero, todavía no puedo creer que el señor Ferguson le tirara esa silla a esa pobre chica porque no acertó la respuesta—. Lana asiente con la cabeza mientras nos dirigimos a clase. Miro mi móvil y veo la hora. Se me abren los ojos como platos: llegamos 10 minutos tarde a clase. El corazón me late a mil por hora. La idea de que todo el mundo nos mire mal por llegar tarde me pone nerviosa. Por fin, al abrir las puertas, lo primero que veo es a un chico guapo, en forma y sexy sentado en el escritorio. J0der, ¿ese es nuestro nuevo profesor? Bueno, hola a usted, señor. —Deben de ser Lana y Frida, ¿no?—, nos pregunta. Asiento rápidamente y me muerdo el labio por los nervios. ¿Pueden dejar de mirarnos? No ayuda nada. —Vale, bueno, soy David Fernández y acabamos de empezar, así que hagan lo que hay en la pizarra como introducción y hablaré con ustedes dos después de clase—. Sus ojos se fijan en mí durante más tiempo y yo aparto la mirada, sin querer que se note que lo encuentro increíblemente atractivo. Mientras subimos las escaleras, oímos: —Alguien está en apuros—. Me doy la vuelta y veo a unas chicas riéndose disimuladamente mientras nos lanzan miradas de desprecio. Veo que el señor Fernández nos mira fijamente, sabiendo lo que han dicho las chicas. —Al menos podré hacer mis deberes en esta clase en lugar de enviarle mensajes a tu novio diciéndole que te reunirás con él en los baños para echar un polvo rápido—, oigo que alguien carraspea detrás de mí. —Señorita Argüello, ¿puedo hablar con usted fuera del aula, por favor?—. Le paso mi bolso a Lana, que le está lanzando miradas asesinas a Tina. Salgo por la puerta del aula y espero a que salga el señor sexy. La puerta se abre y el señor Fernández la cierra tras de sí. Me tomo un minuto para admirar su aspecto. Sus 1,93m me superan por los 1,60m que mido yo. Su barba denota su edad y una clara madurez. Sus ojos azul claro no muestran emoción alguna. Cabello castaño peinado hacia atrás. Es evidente que hace ejercicio. Parece tener unos treinta y cinco años. —¿Señorita Argüello?—. Salgo de mi ensimismamiento y me doy cuenta de que me he quedado mirándolo fijamente y mordiéndome el labio inferior. —Lo siento, es que estaba... —¿Admirándome? —Me sonríe con aire burlón, apoya la mano en la pared, inclina la cabeza hacia un lado y espera mi respuesta. —Sí... no, quiero decir... Eh... lo siento por llegar tarde, señor —Él se ríe entre dientes e inclina la cabeza hacia atrás. Bajo la mirada y me retuerzo las manos. —Mira, Frida, sé que esas chicas te provocaron para que dijeras eso, pero por favor, recuerda que esto ya no es el instituto—. Le pongo los ojos en blanco y su rostro se ensombrece. Me agarra la barbilla para que lo mire. — Non alzare gli occhi al cielo, tesoro, prima che faccia qualcosa di cui poi mi pentirò—. (No me pongas los ojos en blanco, cariño, antes de que haga algo de lo que me arrepienta) — Mi dispiace, non succederà più—, le respondo en italiano (Lo siento, no volverá a pasar) Se muerde el labio mientras abre mucho los ojos. —¿Hablas italiano?—, me pregunta mientras le guiño un ojo y voy a abrir la puerta para volver al aula. Me giro para mirarlo y veo que él me devuelve la mirada con una sonrisa.
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