DAVID
Busco con la mirada a ese patético pedazo de hombre, sabiendo perfectamente de quién estaba hablando Frida. ¡J0der! Debería haber denunciado su comportamiento para que lo vigilaran de cerca. Ahora mi pequeña está sufriendo por lo que ha pasado. Lo veo levantarse del suelo y sus ojos se abren como platos al verme.
Le agarro por el cuello y lo empujo contra la pared. Veo a dos tipos entrar en el vestuario por el rabillo del ojo, pero me da igual.
—¡CÓMO TE ATREVES!—. Le doy un puñetazo en la cara y le sale sangre por la boca. Lo empujo al suelo y le doy una patada en los huev0s. —¡Te lo voy a hacer pagar, j0der! ¡Cómo te atreves a hacerle eso a ella! ¡La gente como tú no merece estar en esta tierra!—. Le doy patadas y puñetazos, incapaz de controlarme. Tengo las manos j0didamente entumecidas. De repente, los dos hombres me sujetan y es entonces cuando sonrío al ver al j0dido monstruo inconsciente en el suelo.
—Está fuera de combate, amigo, relájate—. Aparto la mirada de ese c4brón y salgo. Los dos tipos me persiguen y me impiden entrar en el vestuario de hombres. —Oye, mira... ahora mismo no estás en tu mejor momento, pero no hemos podido evitar oír lo que le ha hecho a esa mujer; entendemos cómo te sientes, créeme. Queremos ayudarte con la declaración que tienes que dar a la policía—, me dicen con su acento sureño, y es entonces cuando veo que la policía está llegando.
Asiento con la cabeza y me siento en la silla.
—Voy a buscar a la señora, ¿puedo preguntarle cómo se llama?—. Asiento y le digo su nombre mientras veo cómo la ambulancia se lleva al c4brón a rastras hasta la ambulancia.
—Señor... lo detenemos por la agresión a Charles Wingman; todo lo que diga o haga podrá ser utilizado en su contra en el juicio...
—Creo que sé lo que es la advertencia, señor—, le digo con sarcasmo mientras me esposa las manos a la espalda.
Veo a Frida con Thomas en brazos, vestida con la ropa que le ha traído uno de los chicos, y ella solloza al verme esposado.
—No pasa nada, Frida, estoy bien, él no volverá a hacerte daño.
Los dos hombres asienten con la cabeza.
—Esperen, por favor, ¿cómo se llaman?—, les pregunto a los dos hombres que amablemente ayudan a Frida y a Thomas a calmarse.
—Soy Dallas—, responde el chico de pelo rubio largo y ojos verde oscuro.
—Y yo soy Miles—, me responde el chico.
Asiento con la cabeza mientras la policía me lleva.
—Confío en ustedes, chicos—, les digo asintiendo con la cabeza mientras me empujan la cabeza hacia la parte trasera del coche.
Nos alejamos y le guiño un ojo a Thomas, sonriéndole. Él pone morritos y se le llenan los ojos de lágrimas, pero se las seca rápidamente. Le digo con los labios “pórtate bien” a Frida y él asiente. Por fin la miro y ella me dedica una sonrisa débil mientras su rostro desaparece de mi vista.
*
La comisaría aparece ante mis ojos y suspiro mientras repaso lo que voy a decir. Tengo que tener mucho cuidado con lo que digo porque Frida sigue siendo mi alumna. Ya sé que ahora mismo se está culpando a sí misma y haría cualquier cosa en este momento por tenerla en mis brazos y superar esto juntos.
Me sacan del coche y me llevan a la comisaría, donde veo a Frida con Thomas y... mi padre. J0der. Mi padre se levanta de su asiento y se frota los ojos.
—Frida me ha contado lo que ha pasado... Estoy orgulloso de ti, yo habría hecho lo mismo—, dice con una sonrisa burlona. El agente de policía me empuja hacia un asiento y me dice que me siente.
—No soy un pvto niño, creo que sé cómo sentarme, j0der—, le digo al c4brón.
Él murmura algo mientras se aleja. Veo que Dallas y Miles entran en la comisaría y me dedican una sonrisa amistosa. Parecen de mi edad, pero no les presté mucha atención, ya que todas mis preocupaciones estaban puestas en Frida y Thomas. Hablando de Frida, se acerca a mí y le entrega a Thomas a mi padre.
Se sienta a mi lado.
—He borrado todas las pruebas—, me susurra al oído. —¿Qué vamos a decir?—, pregunta.
—No lo sé, tendremos que decir que nos hemos encontrado por casualidad, pero Frida, te das cuenta de que esto significa que tendremos que mantenernos alejados hasta que terminen los exámenes—, se muerde el interior de la mejilla y asiente.
—También significa que tienes que dar clases particulares a Tina—, suspira. Estoy a punto de decir algo, pero me empujan hacia atrás y me meten en una pequeña habitación lúgubre con solo una mesa en el centro y unos asientos.
Me sientan en la silla y se toman su tiempo para sentarse ellos. Me recuesto mirando la pared en la dirección donde están Frida y los demás.
Suspiro mientras miro mis manos ensangrentadas, sonriendo por haber mandado a ese idiota al hospital.
—Bien, empecemos—, me dice el hombre del traje azul. La verdad es que no me importaba saber qué pinta tenía, porque, personalmente, todos tienen la misma j0dida actitud.
—Dime, ¿cómo te llamas, cuántos años tienes y qué ha pasado?—, me preguntó.
—¿Podrías al menos quitarme las esposas? No voy a hacer nada—, le digo al otro, que lleva vaqueros negros y una camisa blanca planchada. Se encoge de hombros y da la vuelta para quitarme las esposas.
—Gracias.
Se vuelve a sentar en su silla y me dice que continúe.
—Me llamo David Fernández, tengo 35 años—, empiezo a contarles. Supongo que uno está aquí para hacer preguntas y el otro para tomarlas.
—Como pueden ver, hoy hace un día soleado; ningún niño quiere quedarse sentado al sol todo el día perdiendo el tiempo cuando puede hacer algo más divertido para pasar el rato. Así que le propuse ir a nadar y él aceptó emocionado. Llegué a casa, cogí todo lo necesario y fue entonces cuando decidí ir a la piscina que está más lejos para no encontrarme con ningún alumno y que no se sintieran incómodos—. El agente que toma notas levanta la mano para indicarme que escriba. Doy un sorbo de agua y me preparo para continuar.
—No fue hasta que nos metimos en la piscina cuando vi a Frida dando unas vueltas. Es una de mis mejores alumnas. Al principio no se fijó en mí hasta que vi a un chico que la estaba haciendo sentir muy incómoda. En ese momento tenía a Thomas en brazos, que había conocido a Frida en el colegio, le había caído bien y quería nadar con ella, así que les dejé hacerlo hasta que el socorrista, Charles, se dio cuenta de que ella no estaba interesada y se marchó.
Doy un sorbo a mi agua mientras pienso en lo que voy a decir a continuación.
—Se estaba poniendo nerviosa por su mirada, me di cuenta. Ella no conduce y me dijo que había venido en autobús, así que le pregunté si tenía hambre para que dejara de pensar en él. Pensé que iba a decir que no porque quizá no quisiera cenar con un profesor, pero como sabe que yo no soy como ese socorrista, sonrió y asintió, diciéndome que se cambiaría y que nos veríamos en la sala principal, junto a las mesas, cuando hubiera terminado.
—Thomas y yo nos cambiamos y, cuando abrimos la puerta, ella estaba allí de pie, asustada y con los ojos llorosos. Llevaba una toalla envuelta alrededor de sí misma para cubrirse. Parecía como si estuviera asqueada de sí misma. Se echó a llorar, así que intenté calmarla abrazándola para consolarla. Tartamudeó un rato, pero al final logró decir que él no dejaba de besarla y que ella intentó quitárselo de encima, y que casi la vi0la, así que, por supuesto, no voy a tolerar eso. La dejé con Thomas y fue entonces cuando perdí el control... y aquí estamos ahora.
Asienten y suspiran.
—Has tenido un día de locos—, dice el chico que estaba tomando notas.
—No uno que hubiera planeado—. Se levantan y me permiten hacer lo mismo.
—Vale, solo tenemos que entrevistar a Frida y luego a dos chicos que querían contar su versión de la historia; hasta entonces, puedes irte. Nos mantendremos en contacto—. Salimos de la habitación y Frida se levanta para preguntar si todo ha ido bien.
—Ha ido bien, les he dicho la verdad: nos vimos en la piscina—. Ella asiente y entra en la habitación, lista para dar su declaración.