No la toques

1100 Words
—¿Seguro que tu madre no nos verá?—. Niego con la cabeza mientras aparca en mi entrada. —Está en el trabajo, no te preocupes, solo tardaré cinco minutos—, suspira y se mete un chicle en la boca. Thomas ronca de fondo, lo que me indica que está durmiendo; he llegado a querer a ese niño como si fuera mío; de verdad es el niño más tierno y más inteligente que he conocido jamás. Me muerdo el labio y me inclino para besar a David, quien me deja hacerlo encantado. Le quito el chicle de la boca y me lo meto en la mía, que se humedece con el contacto. Él pone morritos. —Me has quitado el chicle—, me dice. Sonrío y le guiño un ojo mientras salgo del coche. Una vez en mi casa, subo a mi habitación, me pongo el bikini y me coloco la ropa por encima. Luego meto en mi bolso lo que necesitaré después de nadar y vuelvo a bajar, cerrando la puerta principal con llave. Me subo al coche y él se acomoda. Llegamos a su casa y me pregunta si me parece bien quedarme en el coche con Thomas para que él no tenga que sacarlo y volver a meterlo en el coche. Asiento con la cabeza, esperando a que vuelva. Al volver, coloca la bolsa en el asiento trasero junto a Thomas y nos lleva a la piscina. —Es un buen día para ir a nadar—, explica David. Asiento con la cabeza, dándole la razón. Durante todo el trayecto nos cogemos de la mano y empezamos a cantar canciones al azar. Salimos del coche; Thomas, ahora completamente despierto al ver que hemos llegado, salta de alegría de un lado a otro de camino al interior. Voy a pagar mi entrada, pero David me detiene con esa mirada. Me río entre dientes mientras camino hacia los vestuarios de mujeres y guardo mis cosas en la taquilla. Me encuentro con David y Thomas en la piscina. David abre mucho los ojos y se aclara la garganta. —Vaya—, dice sonrojándose, apartando la mirada y besando a Thomas en la mejilla. —Frida, mi papá dijo que él...—, pero antes de que pueda terminar la frase, David lo detiene. Le miro con las cejas arqueadas, pero él se encoge de hombros. —Papá, enséñame—, dice David sin dejar de mirarme mientras se lame los labios, pero luego ayuda a David a nadar a lo perrito hasta el otro lado. Le digo a David que voy a dar unas vueltas y él asiente. Llego a la parte menos profunda y respiro hondo antes de volver. —Hola—, miro a mi izquierda y veo al socorrista agachándose hacia mí mientras me sonríe. Le devuelvo una sonrisa amistosa y le digo hola. Me mira el pecho. Pervertido. Nado de vuelta hacia David, sin gustarme la mirada que me está echando. —¿Estás bien?—. Asiento y luego cojo a Thomas en brazos mientras David se turna. —Pareces una mamá muy sexy—, me guiña el ojo el socorrista. Pongo los ojos en blanco y me centro en Thomas, que está chapoteando en el agua. —Mi turno termina en dos horas, ¿qué tal si nos vamos de aquí?—, pregunta. —Ella viene conmigo—, dice David nadando hacia nosotros y lanzándole una mirada de mal humor al chico. Este levanta la mano en señal de rendición y se aleja murmurando. David me rodea la cintura con el brazo. —¿Estás bien?—, asiento con la cabeza y le doy un besito en los labios. —Quería salir con Frida, pero yo sabía que tú lo espantarías, papi—, dice Thomas sonriendo y quitándomelo de los brazos. —¿Qué tal si salimos de aquí y comemos algo, eh?—, pregunta David mirando a Thomas y luego a mí. Asiento con la cabeza y salimos de la piscina en dirección a las duchas. Empiezo a lavarme el pelo dos veces con champú y luego saco el acondicionador. Por fin, mientras me lavo el cuerpo, no puedo evitar sentirme incómoda. Me doy la vuelta y veo al socorrista sonriéndome con aire burlón. —¿Qué estás haciendo?—, le pregunto. Empieza a acercarse a mí. Cierro el grifo de la ducha y camino hacia mi toalla cubriéndome. Llevaba puesto el bikini, pero para él era como verme desnuda. Lo sabía por la forma en que miraba mi cuerpo. Entro en los vestuarios esperando que no me siga. Presa del pánico, siento cómo me late el corazón con fuerza en el pecho. Nunca me había pasado algo así. Saco todas mis cosas de la taquilla. De repente, me empuja contra la pared y siento sus repugnantes labios en mi cuello. —Suéltame—, empiezo a intentar empujarlo para que se aparte de mí. —Puedo hacerte sentir mejor que él... ¿no quieres a alguien más cercano a tu edad?—. Su voz me hace temblar, pero no en el buen sentido. —Por favor, suéltame—, intento una y otra vez quitármelo de encima. Intento gritar, pero me tapa la boca. Es como si volviera a la vida y le doy un golpe justo entre las piernas y él cae al suelo gimiendo de dolor. Dejo todas mis cosas atrás y salgo corriendo del vestuario de mujeres y luego corro hacia el de hombres buscando a David. Por suerte, están vestidos y a punto de abrir la puerta, pero se detienen en seco al verme. Me doy cuenta de que los hombres me miran confundidos y con ojos que parecen querer hacerme lo mismo que me hizo ese asqueroso tipo. No puedo evitar entrar aún más en pánico y sollozar. Él me rodea con sus brazos y me besa hasta que me calmo. —¿Qué ha pasado?—, me acaricia la cara mirándome a los ojos. —Le supliqué que parara... él seguía besándome... no podía zafarme de él... casi me vi0la—, sollozo aún más. Siento que el corazón de David late con fuerza y él mira a los chicos con expresión preocupada. —Dejé el bolso allí—, digo mientras me abraza de nuevo. —Voy a matarlo—, dice enfadado y se dirige hacia los vestuarios de mujeres. Agarro las manos de Thomas y nos encerramos en el pequeño vestuario, con miedo de que vuelva a pasar.
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