Tenía que despertar a Ramsés. Lo que menos quería era agregarle una preocupación más a su vida, pero esto me superaba, como para poder hacer algo yo sola. Me acerqué a él y toqué su hombro despacio. Abrió los ojos y se levantó de la cama volando, como si supiera que algo malo estaba pasando. Entre lágrimas le expliqué como pude. Me miró aterrado y salimos al hospital así, en pijamas y descalzos. Le insistí en llamar a Caden, pero no quiso. —¡Bree, yo puedo! Tenemos que llegar al hospital rápido —dijo subiéndome en el auto. Condujo como loco, pero nunca dejó de tomar mi mano. No sabía quién temblaba más, si él o yo, porque éramos un manojo de nervios. Apenas llegamos, él me cargó y entramos en el área de urgencias. Estaba aterrada de que algo malo le pasara a mi bebé, ¡realmente lo

