—¿Cuándo tienes que ir a Jacksonville por lo de tu tratamiento? —le pregunté, cuando íbamos en el auto con rumbo al trabajo. Se quedó pensando unos segundos y suspiró. —La semana que viene. —¿Puedo ir contigo? —pregunté casi sabiendo que la respuesta iba a ser no. Él me sonrió y asintió. —No hay nada que me gustaría más —respondió besando mi mano. Su respuesta me tomó por sorpresa. Definitivamente, había sido una tonta por pensar que él me iba a alejar. —¿Sabes por qué no te lo dije antes? —¿Qué no me dijiste, mi vida? —Que sabía de tu enfermedad —negó. —No lo sé. —Porque tenía miedo de que me alejaras. Aún tengo miedo de que lo hagas —él hizo que lo mirara y pegó su frente a la mía. —Prometo que nunca más te voy a alejar en nada. Así que, borra eso de tu cabeza. Ya bastante ti

