Addyson: Diosito que estás es el cielo, por favor, que esté bien, que no sea nada grave. Se lo pido por favor, que no se haya desangrado y muy importante, que no le quede cicatriz. Sí, una cicatriz sería fea; además, creo que sería capaz de matarme. Así que por favor, Diosito, escuche mi plegaria y cuídelo, que no sea nada grave. —Addyson, necesito que te tranquilices, me estás sacando de mis casillas —advierte Ariadna intentando detenerme. Llevamos diez minutos en el cuerpo de guardia de un pequeño hospital dentro de la Ciudad Universitaria y luego de que el Adonis atravesara esa puerta de ahí, no he parado de caminar de un lado al otro en el pasillo. Cuando todo el contenido del estante cayó al suelo haciendo un sonido endemoniadamente alto, el primero en llegar a nosotros fue el ru

