3. ¿Quién te dijo que soy virgen?

2417 Words
Addyson:   El Derecho de Familia es un asco. La profesora Martínez podrá ser muy guapa y agradable, pero la verdad es que cuando la tengo en frente parloteando sobre los deberes y derechos de los cónyuges durante el matrimonio, se convierte en la persona que más odio en el mundo. Solo llevo veinticinco minutos aquí sentada y ya tengo dolor de cabeza.  Miro a mi alrededor y es reconfortante saber que a la mayor parte de la clase piensa igual que yo. Algunos se dedican a hacer garabatos en sus libretas, otros a jugar en el móvil y también los hay mandándose mensajes en papelitos. Solo los de las primeras mesas, los empollones, le prestan atención. La pantalla de mi móvil se ilumina advirtiéndome de un mensaje. Es Ariadna, supongo que su clase está tan aburrida como la mía. Ambas estamos en tercer año de la carrera, ella estudia Contabilidad, yo Derecho y Abigail Medicina, aunque ella está en segundo año. Ariadna: Hola cariño, cómo va tu clase favorita? AddyS: Tú q crees? Un asco total. Ariadna: jaja lo imaginaba. Que pasó con Cristóbal? Abigail: Ey!!! Esa pregunta no la puedes responder sin mi presencia.  Ariadna: NO ME LO PUEDO CREER!!! la puntualita chateando en vez de atender a clase. Addy creo q el mundo se va a acabar... AddyS: Jajajaja Abigail: Qué dramática... El profe no vino, así que estoy pasando el rato. Ariadna: Ya sabía yo. Ahora sí Addyson, suéltalo por esa boca... AddyS: No hay mucho q contar. Dice q durante el juego uno de los contrincante no dejaba de tocarle las pelotas así q se fueron a las manos. Ariadna: Oh... AddyS: No le creo, es el tío más penđejo q he visto en mi vida. Abigail: Estoy de acuerdo. Recuerdan la noche del bar Clinton? Esa fue una locura de mieřda Ariadna: PALABRAS Aby!!! tú nunca dices DE MIEŘDA, pero tienen razón. Cristóbal no es de los q se pelean. Mi mente vuela a aquella noche horrorosa.  Fue en el cumpleaños de Marcos, uno de los mejores amigos de Cristóbal. Fuimos todos juntos al bar Clinton y ya bien avanzada la noche, cuando casi todos estábamos borrachos, un tío comenzó a insinuárseme. Estaba molestando cantidad, pero Cristóbal parecía no darse cuenta y cuando me tenía hasta las narices, le solté una sonora bofetada que me dejó la mano ardiendo. El muy chulo intentó sacarme a la fuerza del bar y cuando Cris se dio cuenta solo dijo: “Tío, es mejor que la dejes en paz”. El idiota que me tenía agarrada fuertemente de la mano, no le hizo caso y siguió empujándome; pero, el más aún idiota de mi novio, lo único que hacía era decirle que se detuviera. La suerte fue que Abigail buscó a los de seguridad y sacaron a mi atacante a patadas del bar. ¿Por qué sigo con mi novio después de esa noche? Bueno, yo también me hago esa pregunta en ocasiones; pero si hay algo en lo que Cristóbal es talentoso es con la lengua, tiene una labia increíble y luego de suplicarme un poco terminé cediendo. Sí, yo también puedo ser idiota algunas veces. Ariadna: Hola, siguen ahí todavía??? En ese momento suena el timbre indicando el fin de la clase. Suspiro aliviada. Ariadna: Olvídalo, nos vemos en 10 min en la cafetería. Cierro la aplicación de mensajes, guardo los libros en mi mochila y salgo disparada hacia la cafetería. Estoy cerca cuando veo a las chicas esperándome en la puerta. El sonido de mi teléfono me avisa de otro mensaje. Lo saco de mi bolsillo y me detengo estupefacta. Es un número desconocido. El mensaje contiene una foto de Cristóbal con la tía de poca ropa y bajo coeficiente intelectual con la que lo vi conversando el otro día. Están en una pizzería muy popular cerca de aquí, con las manos agarradas por encima de la mesa y unas sonrisas bobaliconas estampadas en sus rostros. El muy hijo de puța ni siquiera se molesta en ocultarse.  Debajo de la foto hay un mensaje: "Si quieres cogerlo infraganti más vale que te apures" Mis amigas, que debieron percibir mi cambio de humor, llegan corriendo a donde estoy y les tiendo el teléfono. —¿Qué vas a hacer? —pregunta Ariadna. Esa es una buena pregunta. Confirmar mis sospechas sobre la infidelidad de mi novio, por increíble que parezca, me alivia y el hecho de que no me duela significa que no sentía nada por él; pero estoy cabreada, muy cabreada y mi orgullo está herido, por lo tanto, esto no se va a quedar así. Y a pesar de que tengo la sensación de que debería dejarlo ir, pasar página y mandarlo a freír espárragos de una forma sutil, no puedo dejar de decir: —¿Tú qué crees? Esto no se puede quedar así. Y desde este momento, sé que me voy a arrepentir. Cojo mi celular y le pido a Abigail las llaves de su coche. Conociéndola, debe estar un poco aturdida, porque nunca, bajo ningún concepto, me daría las llaves de su Mercedes Benz rojo con el nivel de cabreo que tengo. Antes de que Ariadna pueda protestar, cojo las llaves y salgo corriendo por el pasillo. “Jodeř”, es la última palabra que escucho de ella antes de doblar la esquina. Sin importarme los tacones de quince centímetros que calzo, corro todo lo que puedo. Sé que si Ariadna me alcanza no podré hacer nada; puede ponerse bastante pesada. Es horario de almuerzo, así que la mayoría de los estudiantes están en la cafetería. No obstante, los pocos que hay nos miran como si fuéramos tres locas. Si doblo la siguiente esquina estaré en la recepción y solo quedaría la puerta principal. Una vez fuera, no tendrán oportunidad.  Voy tan concentrada en mi misión que cuando doblo la esquina no veo la masa de músculo andante frente a mí y choco contra ella.  ¡Madre mía, es el buenazo de esta mañana! Alto, con cuerpo de infarto y pelo n***o que le cae sobre los ojos azules más bonitos que he visto en mi vida. ¿He dicho lo bueno y sexy que está?  Si las miradas mataran en este momento estaría muerta y enterrada, más aún cuando se percata de que el refresco, o lo que sea que estaba bebiendo, se lo he tirado encima. Está a punto de decirme de todo menos bonita, como diría Judith Flores en “Pídeme lo que quieras”, cuando, con una pobre disculpa y unas palmaditas en el hombro, salgo corriendo.  Ya tendré tiempo de preocuparme por él. Llego al auto antes de que las chicas me alcancen y sin pensarlo más, me dirijo a la pizzería Big Bang. Diez minutos después, detengo el auto en el parqueo.  La pizzería es pequeña, pero muy acogedora, bastante famosa entre los universitarios por preparar las pizzas más deliciosas del país. Me miro en el retrovisor, me acomodo un poco el pelo, pero no mejora mucho. Respiro profundo y salgo del coche. Tú puedes, Addyson. Abro la puerta del local y el olor a pizza me invade, lo que me recuerda que no he almorzado y tengo un hambre del demonio. El restaurante está bastante vacío teniendo en cuenta la hora que es, por lo que me resulta bastante sencillo encontrar su rubia cabeza hueca. Está de espalda a la puerta por lo que no me ve hasta que llego a su lado y si no fuera por el cabreo que tengo, me partiría de la risa por la cara que acaba de poner. Parece que ha visto un fantasma. —Ey, Cris, cariño, ¿cómo estás? ¿Disfrutando el almuerzo? —pregunto con el nivel de sarcasmo por los elementos. Al ver que no se ha recuperado del shock, sonrío y me enfrento a su acompañante—. Hola, muñeca, soy Addyson, su novia, ¿o debería decir ex? La chica abre los ojos desorbitados dándome a entender que a ella también la han engañado. Es que es un hijo de puța en toda la regla.  El imbécil de mi exnovio sale de su aturdimiento, pero me quedo con la boca literalmente abierta cuando, cogiéndole la mano, dice: —Cariño, no es lo que estás pensando. Puedo explicarlo. ¿Qué demonios? ¿No debería estar diciéndome eso a mí? Mi nivel de cabreo aumenta y en un intento por tranquilizarme respiro profundo y miro a mi alrededor. Ya hemos llamado la atención de las pocas personas que hay.  En ese momento la puerta se abre y mis amigas hacen acto de presencia, pero lo que me sorprende es que los tres monumentos que conocimos esta mañana están con ellas. ¿Qué rayos hacen aquí? —¿En serio, Cristóbal? —pregunto llamando su atención—. ¿Me engañas a mí y te disculpas con ella? ¿Qué demonios pasa contigo? —Addyson, ya basta. No quiero que montes un numerito. Lo de nosotros se acabó. Ahora estoy saliendo con Aimara. Jadeo. ¿Numerito?  —¿Estás hablando en serio? Sí, esto se acabó, pero porque lo digo yo, imbécil de pacotilla. —Miro a Cristóbal y luego a Aimara—. No puedo creer que haya desperdiciado cinco meses de mi vida saliendo con un idiota como tú —digo más para mí que para ellos, pero él, molesto, se pone de pie y cruza sus brazos sobre su pecho.  Cristóbal es jugador de fútbol y debo decir que las largas jornadas en el gimnasio le han proporcionado un cuerpo de revista. Eso, junto a su altura y el cabreo que tiene, lo hacen ver jodidamente imponente. Puede que dé hasta un poco de miedo con ese ojo morado. Le sostengo la mirada aparentando una seguridad que en realidad no siento. —Perder tiempo, ¿dices? —Suspira profundo—. El único que ha perdido tiempo aquí, soy yo. He salido contigo durante cinco largos meses y lo único que hemos hecho es meternos mano porque eres una mojigata de mieřda que le teme al sexo. Realmente nunca había conocido una virgen con veintiún años. Y para que lo sepas, solo he salido contigo para llevarte a la cama, nunca me has interesado para nada más; pero estoy harto de ti, de tus pesadillas y las idiotas de tus amigas. Ok, voy a admitir que eso me ha dolido.  Puede que no sienta nada por él, pero duele saber que solo estuvo conmigo para llevarme a la cama, algo que no logró, debo destacar, y que en estos momentos me alegro enormemente. Mencionar lo de mis pesadillas, es un golpe bajo y él lo sabe. Gracias a Dios nunca le conté de qué iban, pero en innumerables ocasiones desperté llorando y gritando hasta encontrar refugio en sus brazos. Por último, con mis amigas nadie se mete. Miro hacia las chicas a tiempo de ver como una Ariadna encabronadísima se dirige a nosotros. Con un leve movimiento de la cabeza le indico que no y ella, impotente, se detiene.  Abigail tiene los ojos vidriosos, el chico rubio y el trigueño de pelo corto se ven súper incómodos y el buenazo, por increíble que parezca, observa a Cristóbal como si quisiera partirle la cara. Y entonces se me ocurre una idea, una de las peores que han cruzado mi cabeza, debo decir. Reúno todo el valor del que soy capaz. Y con mi sonrisa más arrogante observo al idiota de mi ex. —¿Quién te dijo que soy virgen? Cristóbal abre los ojos enormemente. —¿Qué? —balbucea.  —El hecho de que no sea una chica fácil como las que acostumbras llevarte a la cama, no significa que sea virgen. —Tú dijiste que eras virgen. —Lo dije, pero esa es mi excusa para no acostarme con cualquier idiota que lo intente.  —Solo lo dices porque estás avergonzada. —Puede ser, pero en realidad, tú y yo sabemos que prefieres pensar eso antes de admitir que te he estado engañando todo este tiempo, porque tu orgullo de macho alfa no soportaría que no hayas sido capaz de encender a una mujer lo suficiente como para que quisiera acostarse contigo. Tú lo has dicho, fueron cinco largos meses en los que lo único que querías era llevarme a la cama y no lo conseguiste. No eres tan irresistible como te piensas, tus besos, tus caricias, no fueron suficientes para conseguir lo que otros sí han podido.  Me detengo un segundo para coger aire y tengo que hacer un esfuerzo enorme para no echarme a reír en su cara.  Está blanco como un papel. —¿Ves al adonis salido de revista cerca de en la puerta? —pregunto apuntando al tío buenazo, como he decidido bautizarlo hasta que consiga su nombre—. Ese sí que ha disfrutado de lo que tú no has podido. Porque mientras tú te revolcabas con ella, yo lo hacía con él y, cariño, un solo beso suyo es capaz de hacer que mi cuerpo combustione. Así que yo tú, me aseguraría de ver qué está mal contigo. —Mientes. —Si eso te hace sentir mejor... —Dejo la frase en el aire y me encojo de hombros. Decido que ya lo he humillado suficiente y voy a darme la vuelta, cuando se me ocurre una última cosa; es infantil, pero no me puedo resistir. —Un consejo, muñeca —digo llamando la atención de la chica—. No me sorprende que ande contigo porque tiene la reputación de meter su polla en el primer agujero que encuentre, pero hay rumores de que tiene alguna enfermedad. Espero que te hayas protegido, sino, deberías ir urgente a revisarte. Su cara es un poema y me obligo a contener la risa por tercera vez desde que llegué aquí. Decido marcharme, pero su enorme mano me sujeta por la muñeca. —¿Crees que por soltar ese discursillo de pacotilla vas a quedar bien? Tú y yo sabemos que no es cierto, eres una mojigata de mierda... Sacudo con fuerza mi mano soltándome de su agarre. Estoy cansada de esta discusión sin sentido. —Me importa un comino lo que pienses o creas, Cristóbal. Ese es tu problema. Camino apurada y a pesar de que sé que no debería hacerlo, decido darle más fuerza a mis palabras y, acerándome al tío buenazo, digo:  —Hola, cariño. Y lo beso
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD