Capítulo 14

1223 Words
Decidimos venir a un modesto restorán en el centro de la ciudad el plan es comer aquí y luego dirigidnos una disco cerca de aquí con Joseff y unos amigos de ellos. Hasta el momento todo marcha mu bien, aunque me cueste admitirlo Will es una persona agradable con la que se puede conversar me he despejado y aliviado un poco con su compañía.  Creo que podríamos ser amigos con intentar no pierdo nada después de todo lo que paso hoy, ¿Qué más podía salir mal?. ***  Cuando era niña una tía solía decirme que no declare con tanta fuerza, ya que puedo tentar al destino a trabajar en mi contra. Nunca supe con exactitud a que se refería o al menos fue así hasta esa mañana. Abro los ojos contemplando el blanco techo, apenas entraba luz por las rendijas de las persianas. Bostece y gire mi cuerpo quedando de costado, el reloj en la mesa de noche marcaban las siete de la mañana, aún tengo sueño, es sábado entonces puedo dormir un rato más. Seré los ojos disponiéndose a dormir, pero sentí frío me abracé a mí misma, habría los ojos de golpe cuando me di cuenta de que no llevaba ropa, mi techo no era blanco, y definitivamente no tenía un reloj en mi mesa de noche. Me senté de manera brusca en una cama la cual no era mía, ante mi acción la persona que yacía aquí mismo solo se removió dándome la espalda, la cual no se me hacía familiar. El remordimiento me carcomía. Desperté sin ropa en una habitación que no era la mía y con un desconocido.  —¿Qué demonios pasa contigo Victoria? —me reproché a mí misma.  Tratando de no hacer ruido salí de la cama y me incorporé, cuando mis pies sintieron el peso de mi cuerpo me mareé de manera horrenda, casi jadeo por el dolor punzante en mi cabeza seguramente producto del alcohol ingerido, a ellos se sumaron dolores diferentes aunque menos agudos uno en mis pechos y el otro provenía de mi entrepierna. —¿Qué pasó anoche? —cerré los ojos y recordé besos, caricias morbosas, jadeos acompañados de mis piernas enredadas a otro cuerpo y un rostro familiar — Will —murmure sacudiendo la cabeza.  Comencé a buscar mi ropa haciendo el menor ruido posible. Encontré mi ropa interior, pero no había rastros de mi ropa dela noche anterior no podía volver a casa en sostén y bragas a lo que decido tomar prestada una sudadera negra y un pantalón deportivo localizados sobre una silla. Salí de la habitación caminando sigilosamente por el pasillo que daba a la pequeña sala cuando una voz suave me sobresalta. — ¿Te estás escapando?— al girarse mi sorpresa fue enorme, tanto que cubrí mi boca para reprimir un grito. — ¿Hannah? —sí, estaba en el mismo apartamento y similares condiciones, entonces lo entendí —¿Tú y Johis?, ¡Oh, dios! — Si, si ya… y tú con Will —afirmo a lo que hizo caras —ahora ya que estamos en la misma situación salgamos, tengo mi auto afuera.  Bajamos en silencio, no pude evitar nota que ella también llevaba ropa de hombre —Esa ropa, ¿Es de Joseff? —asintió — ¿Por qué no traes tu ropa? — Por la misma razón que no traes la tuya —no pude evitar abrir desmesuradamente los ojos y está comenzó a reírse —Vick, llovió anoche, nos mojamos y no creo que secáramos la ropa, no en ese estado — Por alguna razón que no entendía sentí culpa, una que me carcomía por dentro y solo rompí en llanto. Hannah frenó bruscamente y se giró para tomarme del rostro —He, ¿Qué ocurre? —Su mirada era de preocupación  — No, no recuerdo que hice anoche —ahora estaba confundida —ósea, únicamente recuerdo estar debajo de Will, y luego encima como una ninfómana —Hannah soltó una carcajada —no es gracioso, ¿Qué clase de persona soy?, ¿Cómo voy a mirarlo a la cara? —la risa de la rubia se hizo más potente contagiándome — y por dios debió ser intenso, todo el cuerpo me duele —estallamos en carcajadas una vez más.  — Oh puedes suponerlo, yo estoy igual que tú… los hermanitos son muy intensos al parecer —nos quedamos en silencio un momento — no debes sentirte culpable Vicky, solamente tuviste sexo con un chico que está muy bueno —y lo estaba, William Keller era un hombre muy atractivo, pero no era eso lo que me preocupaba — tú lo querías tanto como él, así que puedes estar tranquila. — ¿Cómo lo sabes? — Porque —hizo una pausa en lo Que ponía en marcha el auto —cuando estábamos en la disco bailaban y se miraban como si quisieran devorarse, sin embargo, ninguno de los dos se atrevía . »Una vez en el apartamento él se quitó la camisa y te ofreció ropa seca —giro a la izquierda y continuo —él se perdió en la habitación tú lo seguiste y luego se oyó como que no la pasaban mal —trague en seco —tantas miradas, roces e insinuaciones les pasaron factura. —Muero de vergüenza Hannah  — No debes tenerla, pasaste una buena noche y no hay vuelta atrás.  — ¿Qué hay de ti? — No tengo de que quejarme —se encogió de hombros —fue bueno también —por alguna razón su rostro no decía lo mismo. Estacionó y expresó —llegamos nena, ahora sube y date un baño porque hueles a sexo. Luego de reprocharle algunas cosas y reír de otras se marchó.  Subí las escaleras, al llegar a mi puerta me encontré con una nota que formulaba "NO ME HIZO NADA DE GRACIA LO QUE VI ANOCHE”, por alguna razón creí que el autor de la nota pudo haber sido Albert, esa idea me hizo sonreír y no sabía por qué, pero caí en cuenta de que esa no era su letra descartando por completo aquella loca idea.  Abro la Puerta, dirigiéndome a la cocina por una botella de agua la cual bebí deambulando por la diminuta sala. Por alguna razón el ambiente se sentía diferente, no le di importancia asociándolo con los acontecimientos de la noche anterior los cuales atontaron mis sentidos.  Fui a la habitación, tome un pijama junto a una toalla y me dirigí al baño para una larga ducha tratando de hilar recuerdos los cueles fueron muy pocos, no obstante lo suficientemente contundentes para asimilar lo ocurrido con Will, era un hombre atractivo que evidentemente me gustaba, sin embargo no pasaba más de ahí, solo me atraía de manera física.  Luego de vestirme salí a la sala, de un momento a otro me detuve en seco, aquella sensación, el aire se sentía diferente acompañada de aquella fragancia la cual conocía a la perfección. Por instinto tome el teléfono y marcó el número de Hanna, espere 1,2,3 tonos hasta que atiende.  —¿Qué suce.. — no la dejo terminar —Hay alguien en el apartamento — me dirijo mis pasos a la habitación, pero no llego. Ahí estaba el muy relajado junto a la ventana, aunque parecía no haber dormido.
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