Incrementando, si cabe, el tono suave y dulce que había empleado en la explicación anterior, Elena obedeció la orden y continuó su exposición: - Mi señor, como le he indicado antes, soy una esclava propiedad de la organización y he sido adiestrada para ejercer la función de directora de la sucursal gestionando las finanzas y los recursos de la organziación y de sus socios; los amos han dispuesto que esta oficina, para garantizar la discreción absoluta, no tenga asignada ninguna cuenta ajena, y que tampoco sea de atención al público. - He sido instruida para ofrecer al señor una información limitada de la organización, suficiente para conocerla pero sin comprometer su seguridad ni su discreción. - Así, el señor debe saber que la organización no existe legalmente como tal, sino que es una

