Una vez acomodado, Juan hizo una seña al maitre para que le acercara la carta, mientras se dirigía a las muchachas, ordenandoles: - Vais a sentaros a la mesa para comer conmigo, no me gusta hacerlo solo; os quiero desnudas a las tres. Elena sientate frente a mi, Mónica a mi derecha y Lu a mi izquierda. Inmediatamente, Mónica y Lu dejaron caer al suelo sus vestidos y, sin decir ni una sola palabra, las tres mujeres se acercaron a la mesa sentandose en los lugares que había indicado Juan en los que adoptaron, sin que nadie se lo ordenara, la postura que tenían aprendida, es decir, con la espalda tiesa, los hombros retirados, la cabeza ligeramente inclinada, los labios entreabiertos, las piernas separadas y los brazos dejados caer sobre la mesa a ambos lados de los cubiertos con las palmas

