Pedimos dos chocolates con churros, que eran típicos de la cafetería, y empecé a relatarle a Emma, todo lo acontecido con Estefanía, y con Berta. Las caras de sorpresa de Emma me hacían gracia hasta a mí. Seguía incrédula, hasta que la enseñe un trozo de video del que había hecho en el obrador en el que se me veía follando a Estefanía, y ésta lamiendo el coño a Berta. Flipaba en colores. Cuando terminé de contarle la historia me dijo. Impactante e inimaginable, pero porque ha dicho Claudio que eras mi Amo. ¿Se lo has dicho tú?, me preguntó. “En eso si te aseguro que se le ha calentado la boca. Yo para nada le he dicho que era tu amo”, la dije. “Vaya, ¿tan poca cosa soy para ti, que no me quieres de sumisa?”, me dijo. ¿Pero que pasaba aquí? ¿Es que ahora todas las tías eran sumisas?

