Que estaba loca, eso bien lo sabía y eso bien procesaba sentada en esta mesa de biblioteca pública. Una semana había pasado de mi primer encuentro con Gabriel, y por lo tanto había seguido con mi plan, llamarle pidiendo el dinero. Había sido una llamada corta, directa e impersonal. Le di la dirección de este sitio, y heme aquí esperando que la mala suerte que no me ha abandonado desde que deje mi pueblo, no haga de las suyas. ¿Por qué seleccioné una biblioteca? Pues porque es privada, pero tampoco tan privada. Tampoco quiero darle muchas ideas al idiota ese, y lo mejor es tener a quién pedir ayuda en caso de que se vuelva volátil. Cuando decía que me esperaba todo de ese hombre, es que lo hacía. Y hoy no sería una excepción. —¿Quién eres hoy Lily? ¿La secretaria tonta que no me conoc

