-¿Entonces lo conocías? -inquirió Hiroku, y yo me atraganté con mi ensalada.
-¿Q-qué? -tomé un sorbo de agua y sacudí la cabeza-. ¿A quién?
El muchacho enarcó una ceja, dejando en claro que hacerme la tonta no me quedaba.
Luego de mi pequeño encuentro con Jungkook, y de dejarle en claro que me daba asco con mi silencio y huída, mi nuevo amigo y yo habíamos recorrido el resto del museo para luego acabar en un Olive Garden de la calle. Y, por supuesto, yo había aparentado a la perfección que había ido a retocarme el maquillaje en el baño y no a otra cosa.
O tal vez no tan a la perfección, porque mi máscara sonriente y mi silencio al respecto parecía no convencer a Hiroku.
-De verdad, ¿vas a seguir haciendo la tonta conmigo? -inquirió.
-Lo siento, no -sacudí la cabeza y él sonrió tímidamente-. Es mi vecino.
-Ah, tu vecino. Entonces sí que lo conoces.
Vaya si lo conozco...
-Pues, ¿qué tanto se puede conocer a una persona que recientemente has conocido?
-No lo sé, dímelo tu.
-Oh -nos reímos-. ¿Sabes? A veces creo que tu me ocultas menos secretos que mi propio vecino.
-¿Cómo cuál? ¿Qué te dijo en el baño?
Volví a atragantarme.
-¿Baño?
-En serio, ¿crees que soy tan torpe?
-Buen punto, basta de estupideces -arrugué la nariz-. Dijo cosas... desagradables.
-No parecía un tipo desagradable -se encogió de hombros-. Tiene pinta de salvarte la vida, en realidad.
Enarqué las cejas y forcé una risotada.
-¿¡Salvarme la vida!? Claro que no. Si alguien tiene pinta de salvarte la vida, ese eres tú.
-Vaya, gracias -me miró en un intento de parecer intenso y misterioso, pero fracasó inmediatamente cuando sus mejillas se sonrojaron-. Y dime, ¿qué lo hace tan desagradable?
-Su... libido* -hice una mueca y Hiroky frunció el entrecejo en plan de "¿en serio?". Me reí-. En serio, es molesto.
-¿Qué edad tiene?
-¿Mental? Como catorce -me encogí de hombros-. Tiene veintiuno.
-Vaya... ¿Te molesta? -inquirió, sacando de su bolsillo una caja de cigarrillos.
Abrí mucho los ojos.
-No, claro que no.
Y, considerando que estábamos al aire libre, tampoco le importaría al Olive Garden. Sin embargo... wow, me impresionó verlo fumar. Y es que los cigarrillos están mal y son una mierda, y todos sabemos eso; pero también sabemos, lamentablemente, que hacen increíblemente sexy a la persona portadora del tabaco. Y así se veía Hiroku allí mismo: cigarrillo entre los labios. Calada honda. Suspiro. El aire sale en hilera por sus labios apretados. Como una danza hipnotizante.
-Entonces dime: ¿te gusta?
-No, claro que no -pinche un gran trozo de lechuga y me llené la boca.
Mentirosa, mentirosa, mentirosa.
-¿Sabes? Puedes decírmelo. Y si te incomoda, entonces podemos hablar de otra cosa. Como por ejemplo del chico de allá que no deja de mirarte.
Seguí su mirada y vi que, en efecto, un muchacho que parecía un par de años más joven que yo no me sacaba los ojos de encima. Cuando me vió viéndolo, se giró con las orejas rojas.
Sonreí.
-Pues parece que siempre serán niños -murmuré, divertida-. Hiroku...
-Dime.
-Tal vez me gusta un poco -tragué la lechuga-. Pero no quiero que sea así.
-¿Y por qué no? ¿Te asusta su líbido?
-No tanto como su labia.
-Que vocabulario interesante -nos reímos-. Así que tiene muchas tendencias sexuales y es capaz de convencerte de ello... Mmm, puede debe ser complicado enredarte con alguien así.
-Lo es, verdaderamente. Y es por eso que quiero... sacarlo de mi vida. En serio.
-¿Estás segura de que es lo que quieres?
-Ahora suenas como él.
Se rió.
-¿Estás usándome para olvidarlo? -inquirió de repente, llevando el cigarrillo a su boca. Dejé de sonreír y lo miré boquiabierta. Él sonrió ampliamente, retiro la mano de su boca y la estiró hasta apoyarla sobre la mía en la mesa-. Porque me encantaría que me usaras, Pauline.
Pestañeé lentamente, ¿de verdad me había dicho eso?
Retiré la mano y clavé la mirada en mi ensalada.
-No digas eso. No quiero usarte.
-Pero quieres olvidarlo. Y la mejor forma de olvidar a alguien que te hace daño es encontrando a alguien que no te haga tanto daño.
Levanté la mirada y vi que sonreía tímidamente. Sus pequeños ojos brillaban detrás del vidrio de sus lentes. Una ligera brisa revolvió su flequillo, despeinándolo sobre su frente.
Pinché las últimas hojas de mi ensalada y me la terminé rápidamente, bajándola con un enorme trago de agua. ¿Es que acaso quería tragarme la culpa de saber que tenía razón? Porque la tenía, y tampoco es que estuviera cometiendo un crimen, ¿no?
Hiroku terminó su café y acomodó la espalda en el respaldo de la silla de madera, dedicándome una sonrisa simpática y tranquila.
-Eres... -comencé-. Un gran chico, Hiroku.
Él fue a hablar, pero inmediatamente cerró la boca y miró el cielo.
-Juraría que me acaba de caer una gota en la cara.
-¿Bromeas? Hay sol, y... -me detuve. Miré mi brazo-. Oh, también me cayó una. ¿Crees que...?
No tuvo tiempo de responder. La lluvia se soltó tan de golpe y tan fuerte que nos limitamos a miraron impresionados y levantarnos rápidamente de la mesa.
-¡Qué es ésto! -exageró Hiroky, y yo lancé una carcajada-. ¡Ven! ¡Hay que correr! -tomó mi mano y ambos comenzamos a correr por la calle.
-¿¡Hacia dónde!? -no podía dejar de reírme, pues la situación no podía ser más ridícula.
-¡A tu casa! ¡Te escoltaré a tu casa como un caballero!
-¡Mi casa está para el otro lado!
Hiroku se rió y asintió.
-¡Tú guías entonces!
Tomé su brazo y comenzamos a correr entre risas debajo de la lluvia. Apenas si paramos en las calles, semáforo en rojo o verde daba igual, y luego de unas diez cuadras de agitación y risas finalmente frené.
-¿Vives aquí? -bromeó Hiroku, señalando la heladería.
-No, pero estamos cerca.
-¿Y por qué paramos?
-Porque ya no estoy para estos trotes -apoyé las manos en las rodillas y respiré hondo, mientras Hiroku se burlaba de mí porque parecía una anciana-. ¡Tu eres el anciano aquí!
-Qué irrespetuosa eres con tus mayores, niña -también respiraba agitado-. ¿Dices que falta poco?
-Tenemos que llegar hasta el final.
-Eso es -sonrió y miró el cielo-. Jincha, ¿cómo puede ser que llueva así?
-Pues últimamente está muy tormentoso -murmuré.
Hiroku simplemente asintió, pero yo sentí esa frase tan calante que me impresioné de mí misma.
-Ya es momento.
-¿De qué?
-¡De seguir! -tomó mi brazo y tiro de mi debajo de la lluvia, haciéndome chillar y reír a la vez.
Seguimos corriendo hasta llegar al edificio amarillo, frente al cual yo paré en seco.
-¿Aquí es? -inquirió.
-No, pero estoy pensando que sería agradable allanar el lugar.
Se quedó mirándome un segundo serio, hasta que me reí y entonces puso cara de disgusto.
-Como vuelvas a hacerte la tonta conmigo...
-¿Qué? -lo interrumpí. La lluvia nos salpicaba a ambos en la cara, y podía estar segura de que mi maquillaje se había corrido por mis mejillas. De seguro me veía horrible-. ¿Qué vas a hacer?
Pero Hiroku no me miraba como si fuera horrible.
Se encogió de hombros y me dió un beso en la mejilla, tan peligrosamente cerca de la comisura de los labios que me tensé por completo.
-Te daré besos. Ese será tu castigo -metió las manos en los bolsillos de sus jeans y asintió con la cabeza a modo de saludo-. Ya nos veremos, ¿sí?
-S-sí, claro.
-Si tienes problemas -apretó los labios, dándome a entender que no hablaba de algo sino de alguien- solo llámame y vendré a salvarte.
Miré mis pies y asentí, sin para de sonreír.
No podía; simplemente no podía dejar de sonreír.
-Eso haré. Ve por la sombra, no vayas a tomar mucho sol.
-Lo prometo -se rió y desapareció de mi vista.
Retrocedí un par de pasos y luego me giré a abrir la puerta y, oh, qué rápido podía dejar de sonreír.
-¿Salvarte? -inquirió una vocecita increíblemente molesta, parada en medio del hall de entrada-. ¿Problemas?
-Piérdete -me encaminé hacia el ascensor y lo llamé.
Para mi suerte, ya estaba allí. Entré y presioné con fuerza el botón de "cerrar puertas", pero no fue o suficientemente rápido pues Jungkook había entrado de un salto al ascensor conmigo.
-¿Quieres decirme qué hacían corriendo bajo la lluvia como dos mocosos?
-¿Quieres decirme qué hacías espiándonos?
-No los espiaba, sólo... -le vi tragar saliva, y ya no me pareció tan malota como la última vez que lo había visto-. Sólo andaba por ahí y los vi.
-Ya, claro. Seguro.
-En serio. Acababa de llegar.
-Oh, pero no traes paraguas y no estás nada mojado -sonreí con victoria y él me dedicó una mirada fría-. Dime cómo haces para no mojarte nada con ésta lluvia.
No respondió, volvió a mirar hacia el frente y entreabrió los labios para respirar una bocanada de aire.
-Tu... -comencé, asqueada-. En serio, eres increíble.
-Lo sé, lo soy -repuso con arrogancia e indiferencia.
-¿Cómo se te ocurre decirme...? -sacudí la cabeza-. Tus sucios detalles de cita no me importan, realmente. No quería saberlo.
-No es mi culpa que estés en mi cabeza.
Ay, au.
Negué y sonreí con ironía.
-Pues vaya forma de demostrarlo, eh -repuse.
Las puertas se abrieron y yo salí disparada como una bala. Sin embargo, me lo pensé mejor y me giré hacia él echa una furia.
-¿Sabes cuál es tu problema? -inquirí. Él simplemente me miró, bastante inexpresivo-. No sabes amar. Nunca supiste hacerlo y nunca lo harás, porque eres... una piedra.
-¿Una piedra?
-Dices que no quieres romperle el corazón a Hayoung y luego vas y te la follas -el muchacho apartó la mirada, como si mi argumento lo estuviera molestando pero no quisiera decir nada al respecto-. Y vienes y dices que dijiste mi nombr... Eres...
-Dime. ¿Qué soy?
-Patético.
-Y sin embargo, te gusto.
-¿Crees que podrías gustarme mucho tiempo? ¿Luego de tratarme como basura?
Frunció el ceño.
-¿Y cuándo te he tratado como ba...?
-¡Ya cierra la boca! -lo interrumpí, molesta-. Simplemente no me hables nunca más y ya.
-¿Qué? ¿Tienes la regla o algo? -se rió de su propio chiste, pero dejó de hacerlo cuando vió mi expresión de odio-. Anda, era una broma.
-Tus bromas sólo le causan gracia a las chicas que te tiras, al parecer.
-¿Por qué tienes tanto problema con eso? -se acercó a mí con arrogancia-. ¿Acaso quieres un regalo también?
-El único regalo que podrías hacerme sería desaparecer mi vista, imbécil.
-¿Ya volvimos a los lindos apodos? ¿Jincha?
Me giré y abrí mi puerta. Entré y cuando quise cerrarla Jungkook puso su mano, se metió conmigo y la cerró a sus espaldas.
-¿Ahora te metes en mi casa sin permiso? -inquirí con sorna.
-Tenemos que hablar de un par de cosas.
-Yo no tengo nada que hablar cont... -alargué la mano y, para mi suerte, la lámpara metálica se encontraba cerca-. ¡Auuuch!
-¿¡Estás bien!?
-¡Estoy jodidamente bien! -retrocedí cuando quiso ayudarme, y revisé mi mano.
Tenía un corte en el dorso que sangraba, y la zona yacía amorotonada del golpe. Abrí los ojos como platos y Jungkook se apresuró a empujarme al sillón y tirar de mi mano para observar la herida.
-¿Quieres dejar de ser tan bruta? -inquirió, enojado. ¿¡Se enojaba conmigo por haberme lastimado!?-. ¿De dónde es esa lámpara?
-De la calle...
-De la calle -asintió, como si fuera estúpida-. Tenemos que limpiar esa herida.
-Nonononono.
-¿Ahora te da miedo? Deberías haberlo pensado antes de manotear todo. En serio... -observó la habitación, disgustado-. Ésto es un chiquero.
-Tu eres un chiquero.
-Que ruda -sonrió burlón y se puso en pie-. ¿Dónde está el botiquín?
-En el baño -murmuré entre dientes.
-Ten -se quitó la blusa y me la lanzó. La atrapé al vuelo y aparté la mirada, roja como un tomate. ¿Podía ser que se estuviera desnudando en mi casa?-. Aprieta ésto contra la herida.
Hice lo que me decía, y luego me lamenté porque tenía a mano muchas cosas de tela y justo iba a usar lo único que mantenía ese pecho bronceado y musculoso apartado de mi vista.
Lo hizo a propósito, ese mocoso pervertido...
Cuando volvió con la caja de primero auxilios entre las manos y frente a su complexión semi desnuda, aparté la mirada.
Y me molestaba ¡Vaya si me enojaba! ¿Cómo era posible que un chico fuera tan extremadamente ardiente?
Jungkook se agachó frente a mí y dejó la caja a mi costado. La abrió y con cuidado sacó gazas y un líquido oscuro desinfectante.
-Dame -tendió su mano y yo dudé-. Anda, que no muerdo.
Rendida, estiré la mano hacia él. El muchacho apartó la blusa y observó la herida, para después ponerse manos a la obra. Echó unas gotitas del líquido sobre mi herida y yo retiré un poco la mano, haciendo un gesto de dolor.
Jungkook se rió.
-Esto no arde, Pauline -me mostró la botella, en donde decía que "no ardía".
Pero a mi me había ardido, en serio que sí.
Me mordí el labio inferior para no soltar otro siseo y dejé que el muchacho me limpiara y vendara tranquilamente la herida. Su flequillo castaño caía sobre su frente, y pude ver un asomo de raíces n***o azabache. Sus hombros se tensaban cuando movía los brazos, y su respiración apaciguada levantaba y bajaba sus pectorales bien marcados. Miré un poco más abajo y suspiré al ver sus marcadísimos abdominales.
Ladeé la cabeza inconscientemente, con la boca entreabierta y la baba a medio caer.
-Si me sigues mirando de esa forma tendré que quitarme también el pantalón, a ver qué cara pones -murmuró sin mirarme.
Me compuse, enderezándome y apartando la mirada.
O bueno, lo intenté; porque dos segundos después ya estaba admirando nuevamente su cuerpo glorioso.
-Ya está -dijo, soltando mi mano. La miré y vi que una venda me daba vuelta la mano-. Trata de no usarla.
-Pero es mi mano derecha -murmuré entre dientes-. Es la mano que necesito.
-Puedo ser tu mano derecha por hoy si quieres.
Lo miré con odio pero, increíblemente, solo yo había malinterpretado su comentario.
Jincha, Lin. ¿Ahora tu también te pasas a su bando y tienes mente sucia?
Sacudí la cabeza.
-Mira, gracias por vendarme pero no era necesario. Ni tampoco que te quitaras la blusa -la tomé del suelo y se la lancé, parándome-. ¿Ahora quieres, por favor, marcharte?
-Vaya, ¿así me lo agradeces?
-Te lo agradecí primero.
Abrió la boca para protestar, pero inmediatamente la cerró. Asintió cabizbajo y se giró para marcharse y OH MI DIOS MI JODIDO DIOS OH OH OH SANTA JODIDA MIERDA.
-¡OMO! -exclamé, con ojos abiertos como platos.
-¿Qué? -me miró sobre el hombro, curioso.
Me acerqué a él y entrecerré los ojos para ver con mejor claridad el tatuaje, para nada pequeño, que tenía sobre el hombro izquierdo.
Un ángel de alas negras.