No era así, no para él. Justo en su momento de poca felicidad volvía a joderle la vida esa enfermedad y nada podía hacer. No tenía ganas de pasar por lo mismo que alguna vez creyó haber terminado. Un golpe en la puerta hace que doble rápidamente el papel. Ordena su cabello y corbata - Adelante - grita. Aparece como si nada, como si nunca hubiesen discutido. Estaba ahí parada frente a sus ojos, en sus manos una bandeja de comida que podía verse frente a su cuerpo y su rostro con una sonrisa. - Ya es hora de comer - dice cerrando la puerta con su pie. No dice nada, se queda en silencio mirándola mientras ella camina hacia su escritorio con la bandeja entre sus manos. La deposita arriba y la arrastra hasta quedar frente a él. - No hagas que te obligue a comer - dice sonriendo. Eleva un

