Belladonna cerró los ojos, permitiendo que la sensación se apoderara por completo de ella. La energía de la campesina era pura, fresca, como un río en primavera, y cada segundo que pasaba la rejuvenecía, la restauraba a una versión más joven, más hermosa de lo que había sido. Su piel comenzó a brillar con un resplandor sobrenatural, su cabello se oscureció, y sus ojos, antes opacos y vacíos, comenzaron a resplandecer con un fulgor salvaje. La hilera azul que salía de la boca de la campesina se hizo más intensa, casi cegadora, mientras Belladonna absorbía cada rastro de vida que quedaba en ella. El rostro de la campesina, antes tan lleno de inocencia, comenzó a empalidecer, sus rasgos desdibujándose lentamente como si una sombra pasara por ellos. La bruja se sentía como una loba alimentá

