¿Cuál era su problema? ¿Por qué se puso como loco por mi tómate? ¿Por qué yo estaba a la defensiva?.—Es mío, y quién me lo haya dado no es de tu incumbencia —gruñí de manera amenazante ante mi padre. No podía negarlo, tenía miedo. Jamás mi padre se había comportado de esa manera conmigo. Ver su lado demoníaco y la presión que ejercía su poder me hizo doblegarme ante sus pies; no por nada era el rey. Mi cuerpo temblaba del dolor, apreté los dientes y con mi cuerpo cubrí aquel tómate, pero fue en vano. Mi padre me lo arrebató sin siquiera sentirlo y, en un instante, todo cambió, incluso él. La presión y la oscuridad se desvanecieron, volviendo a él. Sus manos temblaban y sujetaba mi tómate con la mayor delicadeza del mundo, como si cualquier movimiento fuera a destruirlo. Sus ojos brillab

