Miré hacia la distancia, mi mente repasando las posibilidades. Había demasiadas piezas en movimiento, y no sabía cuál de ellas podría desencadenar el caos total. El Reino de los Elfos, la estación de invierno, Caliban, Adelina… Todo estaba interconectado, y cada paso que daba nos llevaba más cerca de un abismo del que no sabíamos cómo escapar. Justo cuando iba a dar la orden para partir, un mensajero irrumpió en el pasillo, sudoroso y con el rostro desencajado por la urgencia de su mensaje. —Alfa…—, su voz temblaba, pero logró controlar su miedo lo suficiente como para hablar con claridad—. Lo hemos encontrado… a Caliban. Está en el límite del bosque de Yivra. Se dirige hacia las ruinas dé la entrada del Reino de los Elfos. El aire pareció volverse más denso, y el mundo entero se ralent

