Antigua profecía.

1217 Words

Mientras me alejaba del prado, sentía una mezcla de tristeza y esperanza. El árbol madre, con su sabiduría ancestral, había sido mi refugio, pero ahora debía continuar mi camino. Ailsa y Convel, al notar mi renuencia, se acercaron y me tomaron de los hombros con delicadeza. —Adelina, no tienes que irte sola —dijo Ailsa, su voz suave como un murmullo de hojas—. Estamos contigo, siempre. —Sí, no estás sola en esto —añadió Convel, mirándome con sinceridad—. Te apoyaremos en cada paso que des. Poco a poco, comenzaron a guiarme hacia el sendero que conducía fuera del prado. Miré una última vez al árbol, sus ramas me saludaban como si entendieran mi lucha interna. —Tu madre siempre estará contigo en espíritu —dijo Ailsa—. Y tú llevarás su esencia a donde vayas. Envolviendome en sus abrazos,

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