Convel se enderezó, el rostro tenso de furia y determinación. No podía dejar que Steffan se saliera con la suya, no cuando el precio podría ser la vida de Adelina y el futuro de su gente. —Lo que hagas hoy, Steffan, no se quedará impune —dijo Convel con voz firme, sus ojos brillando con una intensidad peligrosa. Se acercó un paso más a la barrera, como si pudiera atravesarla con su voluntad—. No tienes idea de lo que has desatado. Steffan arqueó una ceja, divertido por la amenaza, pero no dejó de observarlo, su sonrisa cargada de arrogancia. —¿Y qué vas a hacer, Convel? ¿Llamar a tus hermanos lobos? —preguntó con desdén, cruzando los brazos. Convel apretó los puños, ignorando la provocación. Sabía que tenía un as bajo la manga, y no iba a dejar que el príncipe vampiro se saliera con l

