Con una risa burlona, se apartó de él, dándole un empujón suave en el pecho que lo hizo caer de nuevo al suelo. Caliban luchó por respirar, pero las heridas en su cuerpo y la presión de la situación le dificultaban cualquier intento de mantenerse erguido. Belladonna se dio la vuelta con una sonrisa arrogante, como si la victoria ya estuviera asegurada. Sus ojos se fijaron en los guerreros de Xeltharion, que permanecían en formación, listos para avanzar. Pero Belladonna de los Siete Pecados Capitales tenía otras intenciones. —Deja que se desangre, Xeltharion. No vale la pena perder más tiempo. El chico ya no es una amenaza. Xeltharion, que había estado observando la escena con calma, avanzando de manera indiferente y se giró hacia sus guerreros, dando la orden de mantenerse alerta, pero

