En sus ojos, en ese momento, el odio era tan real. Podía verlo todo. Podía ver cuánto me odiaba. ¿Pero por qué? ¿Qué he hecho exactamente para merecer su odio? Siempre lo he tratado bien desde que empecé a trabajar con él. ¿Qué clase de cobarde es? —¡Eres un cobarde, Sebastián! —le grité. —¿Qué acabas de decir? —preguntó entre dientes, apretando la mandíbula. —¡No te tengo miedo! ¡Eres un cobarde y también un monstruo! ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a jugar con mis sentimientos? ¿Por qué me haces esto? Si me odias tanto, ¿por qué me obligaste a trabajar aquí contigo? ¿Por qué me besaste dos veces? ¿Por qué me miraste con esas miradas tan hermosas? ¿Por qué fuiste amable con mis hermanos? ¿Por qué? ¿Por qué hiciste todo eso? ¿Por qué me hiciste creer que sentías algo por mí? ¿Por q

