No puedo creer esto. ¿Cómo puedo ser su enemiga? —Supongo que entendiste mi punto. Ya que es así, te veré pronto —dijo. Me empujó a un lado con su hombro derecho y pasó junto a mí. Me quedé allí, inmóvil como una estatua, sin saber qué hacer. Miré a Sebastián y, cuando estaba a punto de decir algo… —Aria, yo… No lo dejé continuar. Me apresuré a alejarme de su presencia y corrí hacia mi oficina, jadeando con tanta fuerza como si acabara de correr un maratón. ¿Por qué me siento así? ¿Por qué me enojo al verlo con otra mujer en sus brazos? ¿Por qué mi corazón late tan rápido? ¿Qué es toda esta locura que estoy sintiendo? De repente, alguien irrumpió en mi oficina y me giré de inmediato. Era Sebastián. —¿Qué estás haciendo aquí? —soltó de forma brusca, algo que no esperaba. No sé qué

