Pov Sebastian Voy a decirlo otra vez: esta chica es diferente. ¿De dónde demonios la saqué? No puedo creer que esté molesta solo porque le dije que se pusiera el cinturón. Eso es exactamente lo que la mayoría de las mujeres esperan de mí: que les diga qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Siempre ha sido así. Les doy órdenes, les marco el ritmo, les exijo. Y ellas obedecen encantadas, aun a costa de su propia paz. Las llamo cuando las necesito. Aparecen en segundos. Me complacen. Y cuando termino… las descarto como una simple aventura. Así funciona mi mundo. Pero esta chica… Esta chica terca logra sacarme de quicio día tras día. —¿Puedes dejar ya esa absurda terquedad? —dije entre dientes—. Solo te pedí que te pusieras el cinturón de seguridad. —No soy estúpida —replicó, g

