Quería hablar, pero el imbécil volvió a decir otra cosa. —Tranquila. No querrás que tus hermanos te vean despedida por tu jefe. Estoy seguro de que a esa dulce chica no le gustaría —añadió. —En segundo lugar, ¿qué pasó con tu teléfono? Se supone que es un teléfono; lo llevas contigo a donde vayas. Te he llamado más de quince veces y no contestaste. —¡¿Eh?! —me sorprendí. Saqué el teléfono de mi pantalón y lo revisé. Estaba mintiendo… Vi Llamadas perdidas y, debajo, Psycho quince veces. Había puesto el teléfono en silencio por error y por eso no me había dado cuenta de sus llamadas. Me apresuré a esconder el teléfono en el pantalón antes de que se diera cuenta de cómo había guardado su número. —Lo siento. Se puso en silencio por error —me disculpé. —¿Lo fue o lo hiciste intencionalme

