Me ayudó a acomodar la cabeza en su almohada mientras su mano recorría mi cuerpo. No sé cómo ni cuándo hace las cosas, porque ya me había dejado llevar. Sentí sus labios descender desde mi cuello hasta mi hombro. Mientras depositaba besos húmedos allí, también lamía ese mismo lugar, haciéndome desear más. —Sebastián… —grité su nombre de nuevo. Su mano recorriendo mi estómago desnudo y mi cintura no ayudaba en absoluto. Me aferré a la cama con más fuerza debido a su dulce tacto sobre mi cuerpo. En ese momento, sentí su mano apretarse sobre mi muslo. Y tuve que arruinarlo todo. No sabía que decir esas tres palabras lo enfadaría aún más conmigo. “Te quiero”. Esas tres palabras arruinaron el momento perfecto para los dos. Poco a poco se apartó y me miró directamente a los ojos. No sé por

