Miré a mi hermano y solté un suspiro cansado. —Vamos, sube conmigo a mi habitación. Necesito enseñarte algo —dijo Mateo, antes de tomarme del brazo y arrastrarme escaleras arriba. Juro que esta chica es un dolor de cabeza… pensé, dejándome llevar. ----- —Por favor, salga de mi oficina. No tengo ninguna oferta de trabajo para usted —dijo el hombre a cargo del restaurante sin siquiera dignarse a mirarme. —Pero, señor, vi el anuncio —insistí, esforzándome por mantener la calma—. Dice que buscan a alguien con experiencia en atención al cliente. He trabajado en uno de los restaurantes más grandes de la ciudad, P. L. G., como camarera, y todos pueden dar testimonio de que siempre he sido una buena empleada. El hombre levantó la vista apenas un segundo, con una expresión de fastidio evident

