Me giré lentamente para mirar a Sebastián y la expresión de su rostro no era nada agradable. Si una mirada pudiera matar, ya estaría muerto. Se veía muy enojado en ese momento. —¿Qué te dije que no hicieras? —preguntó, yendo directamente al grano. —I… no sé de qué estás hablando —mentí. Aunque sí lo sabía. No lo admitiría. Tal vez se enfadaría y no hablaría más del tema; entonces sería libre. Pero tenía que empeorar las cosas profundizando en la discusión. —¿No te advertí que no te asociaras con nadie mientras estemos aquí? —preguntó de nuevo, en un tono peligroso. ¿Qué es él? ¿Mi padre? Antes de salir del hotel me dijo que no hablara con nadie. ¿Por qué me daría una orden así? No lo sé. ¿Cómo pudo decirme que no hablara con nadie? ¿Se supone que debo actuar como si fuera muda y sor

