--- [Escena 1: Patio de la finca – Mañana soleada] Tamara estaba sentada bajo la sombra de un árbol frondoso, con un café humeante entre las manos. Liliana se le acercó despacio, con el rostro más sereno, aunque aún con rastros del duelo que la habitaba. —¿Puedo sentarme? —preguntó Liliana. —Claro, Lili. Siempre puedes. Se hizo un silencio suave, como si ambas supieran que era el momento de hablar de lo no dicho. —He notado cómo miras a Max —dijo Liliana con una media sonrisa—. ¿Hace cuánto te pasa eso? Tamara soltó una risa nerviosa. —Desde que casi me mata con una mirada en el pasillo del hospital... —confesó—. Hay algo en él, Lili. Es como si tuviera fuego por dentro... y yo, cada vez que lo veo, quiero arder. Liliana la miró con ternura. —Y él también te ve diferente. No tien

