POV: Ricardo Santo Domingo era una ciudad vibrante, llena de vida, pero yo solo veía oportunidades. Desde la terraza del penthouse donde me hospedaba, contemplaba las luces que iluminaban la noche. Debajo de mí, el mundo seguía su curso, ajeno a la tormenta que estaba a punto de desatarse. Un trago de whisky en la mano, el humo del cigarro en el aire. Frente a mí, sentado con la seguridad de un hombre que no teme a la muerte, estaba Esteban Cuervo. —Sigues con esa obsesión, hermano —dijo Cuervo, sonriendo mientras giraba un cuchillo entre los dedos. —No es obsesión —respondí, apoyando el vaso en la mesa—. Es cuestión de justicia. Cuervo rió. —Llámalo como quieras, pero todo esto por una mujer… No me jodas. Lo miré fijamente. —No es solo una mujer. Es mi negocio. Es mi reputación. E

