Capítulo 4 — No serías capaz
Narrador
Llegando el día de la gran fiesta de Katherine Smith, Emma se observaba frente al espejo de cuerpo completo. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era una verdadera locura, aparecerse así nada más en ese lugar, pero lo que le hizo Michael no podía quedarse en el olvido, él debía pagar. No solo la había usado, mentido durante los meses de su relación, sino también la había expuesto de la manera más baja y descarada, dañando su reputación.
Que si bien pocas personas de su círculo se habían enterado de las fotos filtradas, era cuestión de tiempo para que sucediera, y el mundo tal como lo conocía empezaría a arder. Ordenando la gargantilla que se encontraba alrededor de su cuello, Cosnett trató de armarse de coraje cuando en realidad sabía que no sería tan sencillo como parecía exponer al infeliz, y tomando su bolsa de mano salió de su departamento.
Estaba muy consciente de que Michael no era ningún idiota, que al verla llegar a la fiesta de su esposa haría hasta lo imposible para detenerla, pero no se rendiría tan fácil, encontraría la forma de exponerlo sin lastimar a su vieja amiga que no tenía nada que ver en ese asunto. Llegando al fin a la dirección que marcaba la ubicación, una modesta mansión se elevaba en el centro de la propiedad, y entregándole la llave de su auto al valet parking agradeció antes de seguir.
Sus manos sudaban, y su garganta seca le dificultaba incluso tragar debido a los nervios que sentía, aún así no se detuvo. El resentimiento y dolor que yacía en su interior era de un rojo tan intenso como el vestido que lucía en ese momento.
—Sea bienvenida— Señalándole seguir una de las damas de protocolo le mostró la ruta, y reteniendo el aire al ver el lugar repleto de personas, Emma supo que estaba cada vez más cerca de hacerlo caer.
Liberando un poco de aire, Cosnett elevó ligeramente su mentón, y dando un paso al frente estaba preparada para lo que seguía cuando una voz masculina sonó a sus espaldas.
—¿Emma?— Girándose para ver de quién se trataba, Emma encontró a Paul. El menor de los Smith, el niño llorón que al llegar cada temporada vacacional iba junto a su padre a buscar a Katherine al internado sosteniendo una copa en su mano.
—¿Paul? —Conteniendo el aire por la grata sorpresa, Emma dio un par de pasos hasta llegar a él.— Años sin saber de ti. Ya eres un hombre ¿Cuánto tiempo sin verte? ¿15 años?
Asintiendo, Emma lo saludó con un casto beso en su mejilla, y permaneciendo igual de emocionado que ella al verla después de tanto este sonrió ampliamente.
—Creo que incluso más... ¿Pero qué te trae por aquí? Kate estará feliz de verte después de tanto tiempo...— Sonriendo un tanto tensa por el verdadero motivo de su presencia en ese lugar, Emma asintió.
—Sí, de hecho ella misma me invitó...
Empezando a conversar sobre lo que había sido su vida en los últimos años, Emma y Paul charlaron de todo un poco, y preguntando por Candice llevando la copa a sus labios para tomar un sorbo, Emma respondió sin dejar de sonreír pues según recordaba su mejor amiga y los hermanos Smith no se llevaban del todo bien.
—Sabes que somos como hermanas... Por lo que por nada del mundo nos separaríamos. Ella está bien ejerciendo su carrera y teniendo cada vez menos vida social.
Separando la copa de sus labios este sonrió de lado deseando volver a ver a la gruñona de Candice, y señalándole terminar de llegar, Paul guió a Emma hasta donde se encontraba Katherine reunida con un par de invitados.
—¡Emma! ¡Qué bueno que hayas llegado!— Casi corriendo a abrazarla, Katherine le dio una bienvenida cálida a Emma quien al desviar su mirada a un lado, a lo lejos lo vio... A Michael con la mandíbula tensa observándola bastante inquieto al estar allí.
Pero qué más podría esperar ante lo que hizo... Que Emma se quedara de brazos cruzados mientras destruía no solo su corazón sino también su vida. Separándose de Katherine, Emma dio sus mejores deseos, y pidiéndole que no se apartara de ella pues tenían tanto de qué hablar la fiesta se desarrollaba mientras el infeliz de Henao deseaba que la tierra se abriera y se lo tragara vivo.
—¡Paul! ¡Paul!— Acercándose al hermano de Katherine pues lo vio llegar junto a Emma, Michael quería saber exactamente cómo había hecho para dar con su dirección— Esa mujer que llegó contigo, la del vestido rojo... ¿La conoces?
Sonriendo antes de elevar su mano para pedir un trago en la barra, Paul una vez lo tomó se giró para ver a lo lejos a Emma quien conversaba de forma amena con su hermana, y tomando un sorbo de la bebida, este solo respondió.
—Por supuesto que la conozco... Emma y Kate eran muy amigas en el internado, fue que una vez se separaron no se volvieron a ver por un tiempo. ¿Por qué me preguntas por ella?
Desviando la mirada a Michael deseando saber el porqué del interés repentino por la amiga de su hermana, Paul permaneció en silencio en espera de una respuesta, y pasando saliva pues Henao sabía que los hermanos Smith eran de todo menos estúpidos, solo respondió
—Por nada... Es solo que vi a tu hermana tan emocionada al verla llegar. Sabes que en su estado una emoción fuerte la puede afectar.
Tomando un sorbo de su bebida, quizás la soga que sentía en su cuello desaparecía, Michael permaneció de la misma forma, observando a Emma caminar de un lado a otro junto a su esposa, y maldiciendo deseó desaparecer a esa mujer con sus propias manos.
¿Quién carajos se había creído ella como para amenazar lo que por tantos años le había costado ganarse? No solo la confianza de los Smith hasta el punto de que él era uno de sus representantes de Araco, sino también el amor desmedido de la única mujer de la familia. Pidiendo un par de tragos más, el tiempo pasó, y sintiéndose un poco más valiente ya que el alcohol había surtido efecto, se dispuso a acercarse a su mujer.
—Mi amor, ¿cómo te has sentido?— Abrazando a Katherine desde su espalda, Michael apoyó el mentón en su hombro, y tomando las manos que la rodeaban, ella respondió sin dejar de sonreír.
—Muy bien, mi vida... Ahora mucho mejor porque estás a mi lado— Girándose para verlo, Katherine acunó el rostro de su esposo, y sintiendo como un enorme vacío se formaba en el centro de su pecho, Emma desvió la mirada a un lado.
Que si bien tenía en cuenta que Michael era un verdadero infeliz, eso no quitaba el hecho de que doliera verlo con su esposa. Ella de verdad se había enamorado de él, estaba dando todo en esa relación porque en realidad pensó que había encontrado al hombre ideal, y ver la realidad era un golpe duro del cual le costaría recuperarse, pero lo lograría.
—Recuerda que deberías descansar un poco, el médico lo recomendó... Puedes irte a recostar unos minutos mientras llegan tu padre y tu hermano... Yo me quedaré aquí atendiendo a los invitados.
Negando ya que no se sentía para nada cansada, Katherine se removió entre los brazos de Michael, quien la abrazaba, y abriendo su boca explicó brevemente.
—Estoy bien... Además, Emma está conmigo ¿ La recuerdas? — Michael frunció el ceño de su frente tratando de parecer indiferente— La chica del restaurante de la otra noche... Mi vieja amiga.
Negando, fingiendo no recordar de quién se trataba, este le sonrió ampliamente.
—Lo siento tanto ¿Emma?... ¿Así era que te llamabas? ¡Pufff! pésima memoria— Apretando sus dientes mientras una sonrisa forzada colgaba de sus labios, Emma se tragó todo lo que le quería gritar. Quería maldecirlo, enviarlo a la mie*rda, pero sabiendo que Katherine no tenía nada que ver, solo calló.
—Emma... Me llamo Emma Cosnett.
Asintiendo como si la luz perpetua iluminara su pésima memoria, Michael regresó la mirada a su esposa, y acortando la distancia la besó frente a Emma, sin pudor alguno, no fue un beso intenso, mucho menos subido de tono pero lo suficiente como para hacer que sus ojos se cristalizaran.
Ella no lloraría, no se podía permitir botar una lágrima más por el infeliz que la había lastimado, así que solo elevó su mentón para decir una vez Michael dejó a Katherine.
—Kate... Ya regreso. Iré al tocador solo unos minutos— Asintiendo, ya que no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando, la agasajada vio como su vieja amiga caminaba alejándose de ella, y palmeando ligeramente el rostro de Michael le pidió.
—Trata de no tomar tanto... Recuerda que es mi cumpleaños y deseo que todo salga bien.
Agitando su cabeza asintiendo, Michael vio cómo su esposa le pedía permiso para ir a saludar a un par de presentes más, y siendo esta la oportunidad que necesitaba para acorralar a Emma. La siguió asegurándose de que nadie más lo viera. Por desgracia, para ese punto, Cosnett no resistía ni un instante más en ese lugar, había sido una tonta al ir así nada más sin un plan trazado que seguir para desenmascararlo, y logrando solo que este le restregara en su cara la perfecta vida que tenía, debía escapar.
Caminando a la puerta, liberando un poco de aire tratando de disipar las lágrimas que nublaban su vista, Emma sintió como tiraron de su brazo de manera abrupta, y regresando su mirada para ver de quién se trataba, lo vio.
—¡¿Qué mierda te has creído para venir así nada más a mi casa, Emma?!— Apretó su agarre— ¡¿Qué mierdas pretendes hacer?! Acabar con mi vida.
Con sus dientes apretados y la ira tiñendo su rostro, Michell preguntó tan cerca de Emma que sus alientos chocaron, nublado por el alcohol, y tirando de su brazo enseguida incapaz de permitir una humillación más, Emma bramó.
—¿Acabar con tu vida, Michael... Así como tú estás acabando con la mía? Creo que sería lo más justo, ¿no? — Emma dio un paso al frente sintiendo cómo el valor que necesitaba en ese momento invadía su ser. — Michael Henao... Así te llamas, y no Charlie Smith como me hiciste creer. ¡Eres un mal*dito infeliz!
Retrocediendo un paso, Michael elevó su mentón dispuesto a no ceder en ese momento. Emma no era más que una simple aventura, una mujerzuela más en su larga lista de conquistas, por lo que de ninguna forma perdería a Kate y a su pequeño, no por ella, no por no poder hacerla cerrar su boca.
—¿Y qué con eso? Así es, me llamo Michael, y como pudiste ver, éste soy yo. — Extendió sus manos orgulloso de su hazaña. — Ahora solo date la vuelta, y lárgate de una buena vez. — Tomó el mentón de Emma, y lo apretó. — Y no vuelvas a acercarte a mi esposa.
Haciendo su rostro a un lado, Emma evitó que le siguiera tocando con sus sucias manos, y regresando la mirada al frente, siseó deseando estrangularlo con sus propias manos.
—Ella sabrá la verdad. — Sonrió ampliamente, tragándose la impotencia tratando de parecer serena cuando en el fondo su corazón estaba hecho añicos. — Yo me encargaré, Michael, de desenmascararte frente a todos... Dejarte como la pu*ta basura que eres. ¿Me has escuchado? — Apuntó directo su pecho, chocándolo con su dedo.
Soltando una carcajada, pues para él, las amenazas de Emma no eran más que patadas de ahogado, Michael negó, tomándola de nuevo del brazo, y ejerciendo fuerza sobre este, la pegó a su cuerpo lo suficiente para susurrar sobre su rostro.
—Eso me gustaría verlo, Em. — Sonrió de nuevo, sintiendo que tenía todo fríamente calculado. — Tú y yo sabemos que no serías capaz de hacerlo.
Tirando de su brazo, ya que sentía que si no salía de allí podría hacer algo de lo que se pudiera arrepentir, Emma se giró sobre sus pies con una pequeña sonrisa en sus labios, y su rostro en alto, pues Michael no sabía a la bestia con sed de venganza que acababa de despertar, y dando un par de pasos lo vio... A escasos metros de ella, vestido con un traje a la medida de color plomo que lo hacía ver mucho más apuesto que el día que lo conoció.
—¿Tú aquí? — Preguntó el verdadero Charlie Smith con una pequeña sonrisa en sus labios. — Creo que tendré que denunciarla por acoso, señorita Cosnett.
A lo que Emma solo asintió, apretando sus labios un poco descolocada al no esperarlo allí.