Despierto sobresaltada escuchado la alarma sonar encima del buró, me siento sobre la cama soltando un bostezo, miro el suelo sumida en un punto fijo.
«Hoy me casaré»
Said me explicó que tenía un viaje de negocios y duraría una semana fuera, así que se le ocurrió que podíamos adelantar la boda para no tener que esperar hasta su regreso. No me quedó de otra que aceptar.
Parece broma pero al final voy a hacer lo mismo que me negué en un principio, con Liam, la diferencia es que este matrimonio durará menos de dos meses y no toda la vida. Sin embargo, no es real, ni siquiera conozco bien al hombre que se convertirá en mi esposo falso. Pero es la única solución a mi problema, no pienso regresar a nueva York.
Camino al baño a tomar una ducha, cepillos mis dientes, y a los pocos minutos salgo envuelta en un cálido albornoz de seda. Elijo una falda suelta que cubre mis piernas y un suéter de tela fina para no morir de calor.
La mañana está siendo muy calurosa, el sol brilla en todo su esplendor y temo que si salgo con la piel descubierta me quemaré. Agarro las gafas oscuras y bajo al restaurante a desayunar.
En el camino me encuentro con nada más y nada menos que Said, aunque es obvio que me toparé con él ya que su suite está en el mismo piso que la mía. Él viene con el móvil en la oreja, mantiene el ceño fruncido mientras habla en otro idioma, es un acento muy extraño. De pronto levanta la vista y se fija en mi presencia, inmediatamente mis mejillas se tornan rojas, lo había estado esquivando desde la noche de ayer.
¿En qué estaba pensado cuando lo besé?
«Siquiera pensaste»
Muerdo mi labio inferior con nerviosismo, por otro lado él parece no tener intenciones de sacar el tema a relucir. O eso creí hasta que lo veo mirarme con más intensidad de lo normal, sus ojos tan absorbentes me escudriñan y es suficiente para incrementar mi vergüenza.
—Tengo el contrato aquí, si quieres firmarlo antes o mejor léelo con calma.
—Extiende una carpeta oscura. —Te enviaré el vestido de boda con Omar, y mi chófer pasará por ti a las cinco.
Sale del ascensor sin darme tiempo a responderle, camina apresurado hacia la salida del hotel.
¿A dónde irá?
—Buen día señorita Annie —doy un respingo. Ladeo la cabeza y observo al señor Tareq sonriendo.
—Buen día señor—saludo imitando su gesto.
—¿A dónde fue Said?
«Lo mismo me pregunto»
—Eh, iba a...
—La empresa —dice Harry parándose a mi lado. Le doy una mirada agradeciendo por su llegada. —Annie, disculpa la demora, ¿Nos vamos?
¿Eh...? ¡Oh, ya!
—¿A dónde van? —inquiere Tareq.
—Al centro comercial, hoy es la boda y debe de ponerse más bella para su futuro esposo. —Comenta recalcando lo último.
—¿Se casarán hoy? —su expresión de asombro es notable.
—Sí, Said viajará mañana por negocios y quisimos adelantar la fecha. Será una pequeña ceremonia privada. —Repito las misma palabras que me dijo Said. —Bueno, ahora sí vamos o llegaremos tarde.
Harry asiente y nos despedimos del señor Tareq que nos regala la sonrisa más hipócrita que he visto en mi vida.
(***)
El nterior del centro comercial de Dubái Mall es el centro comercial más grande del mundo basado en su área total y el sexto más grande en superficie bruta alquilable. Incluyendo las tiendas ancla a la francesa Galeries Lafayette Haussmann y la estadounidense Bloomingdales, que son las primeras y únicas tiendas existentes en Oriente Medio como fuera de sus países de origen. Un hipermercado y tiendas de servicios. Cuenta con seis pisos de área comercial y diez de aparcamiento, además de las atracciones como la pista de hockey sobre hielo, Dubai aquarium and underwater zoo, un acuario y zoo acuático con trescientas especies de animales marinos, incluyendo tiburones y rayas, Dubai dino, un fósil de un diplodocus, simulador de vuelo, VR Park Dubai, un parque temático de realidad virtual, kidzania, un parque temático para niños, hysteria, una casa encantada y un centro médico lujoso.
Es lo que me dijo Harry cuando ingresamos al interior. Luego de dar como mil vueltas por el interesante centro comercial, nos dirigimos a una de las mesas cerca de la pista de hielo.
—¿Qué es lo que se traen tú y Said? —su pregunta me toma por sorpresa.
—¿Disculpa?
—Sé que lo suyo no es real, conozco perfectamente a Said y esto no es más que una farsa para obtener algo, ¿Cierto?
—me mira fijamente y debo apartar la mirada para no sentirme nerviosa.
—No sé que que hablas, yo...
—Annie, soy el mejor amigo de Said, ¿No crees que tengo derecho a saber la verdad? —agacho la cabeza mirando mis manos sobre mi regazo.
—Entonces, ¿Por qué no le preguntas a él? —murmuro.
Bufa.
—¿Sabes lo difícil qué es sacarle información a ese idiota? ¡Said es la persona más cerrada de este mundo! —Hace un ademán con sus manos. —Además los puedo ayudar si... —Su celular suena y se disculpa antes de levantarse y contestar.
Aprovecho que está distraído y me escabullo a la salida, camino entre el mar de gente que se mueven de aquí para allá sin importarles tropezar al resto. Ya estando fuera de su vista, me tomo el tiempo de recorrer los locales que se encuentran a mí al rededor, son de extremadamente lujosos y denotan elegancia con tan solo mirarlo desde el exterior.
«No me imagino como deben ser por dentro»
Sigo andando dirigiéndome al elevador, me subo a uno y pulso el piso que me llevará a mi destino.
Hace poco había buscado galerías de arte que se hallaran cerca del hotel, y como todas me parecieron interesantes para visitar, decidí ir a cada una de ellas puesto que mi estadía en el país sería por dos meses, así que tenía todo el tiempo posible para recorrer los lugares más impresionantes de Dubái. A los pocos minutos el ascensor abre sus puertas, salgo y esquivo a las personas que cambian a toda prisa, parecen ser turistas por su vestimenta que es diferente al resto. Quedo anonadada al ver el cautivante centro de arte digital, sin perder tiempo ingreso al interior y simultáneamente me dejo hipnotizar por las exhibiciones de Infinity des Lumières. Es imposible no sumergirse en las imágenes encarnadas por la animación, el movimiento dinámico, el sonido edificante y un ritmo emocionante en esta experiencia artística. Este recinto da vida a emblemáticas obras de arte contemporáneo a través de ciento treinta proyectores, cincuenta y ocho altavoces y unas increíbles tres mil imágenes dinámicas digitales en HD.
«Es lo que decía la información que busqué en Google»
También añadía que la envolvente experiencia transportará a los visitantes a un mundo donde disfrutarán de obras de arte dinámicas. Ya que la galería de arte digital representa de forma simultánea exposiciones relacionadas con Van Gogh, artistas japoneses como Hokusai y un portal hacia el cosmos con Thomas Vanz que cautivan en todos los sentidos.
Y debo confirmar que es totalmente cierto, es magnífico.
Luego de recorrer las exhibiciones de la galería, decidí ir a un restaurante para almorzar, estaba hambrienta. Le pido la cuenta al camarero y mientras me dirigí al baño a limpiar mis dientes y vaciar mi vejiga.
Una dulce melodía de Hayd changes resuena de mi celular, lo saco y sin ver de quién se trata contesto.
—¿Sí? —Digo lavando mis manos.
—¡Hasta que te dignas en responder! —mi respiración se vuelve inconstante al escuchar esa voz. —¿Te mordió la lengua el ratón? —suelta con burla, cierro los ojos sintiéndome estúpida por no ver de quién se trataba antes de contestar. — Annie, Annie, ¿En qué pensabas cuando decidiste huir? ¡Eres una malagradecida! Pero óyeme bien, mañana mismo vas a traer tu t*****o de vuelta y te casarás con Liam, ¿Has comprendido?
—No, no lo haré. —Niego con firmeza.
—¿Disculpa? —sin verlo puedo estar segura que ha fruncido sus cejas oscuras. Está enojado, pero no puedo tener miedo, estoy muy lejos de él y no puede hacerme nada. —Mira, niñita malcriada, eso no lo decides tú, ya firmé el acuerdo con los Livingston y no pienso...
Corto la llamada sin dejar que termine, ya he escuchado suficiente, no seguiré complaciendo sus caprichos y negocios sucios. Salgo del baño sintiéndome furiosa, tanto que se me olvida pagar la cuenta y le doy una mirada de disculpa al camarero que me sonríe amable.
¿Cómo piensa que voy a regresar? ¿Acaso no sabe hacer otra cosa que arruinarme la vida?
«Lo detesto»
Ni crea que haré lo me pide, tampoco pude obligarme a regresar si me caso con Said.
¡Claro!
Si me convierto en la esposa de Said, ya no estaré bajo la responsabilidad de tío Braxton. Perderá el derecho que tiene sobre mí por el hecho de tener un esposo.
¡Ja! No te saldrás con la tuya esta vez, tío.
(***)
Termino de firmar el último documento, después que el juez nos indica que eso es todo y salimos del registro civil cada uno por su lado, todo lo contrario a lo enamorados esposos que se besan con amor mientras los demás aplauden.
«Espero algún día tener a alguien que me ame de verdad»
Un carraspeo me saca de mi distraída mente, alzo la mirada mis ojos se topan con los suyos.
—Steven nos llevará a la mansión, lamento dejarte sola, aunque los empleados estarán allí y si deseas salir puedes pedirle a mi chófer que te lleve a dónde sea que vayas. —Explica abriendo la puerta del auto para que suba. Me acomodo en el asiento y seguido de esto tengo a Said a mi lado embriagandome con su perfume varonil. —Lo más probable es que el abuelo te visite, pero tranquila, ya le expliqué porqué me iré de viaje y no te preguntará nada de eso.
—Asiento acariciando la tela del preciosos vestido que traigo.
Es de color rosa pálido con encaje en la parte de arriba y de hombros caídos. Lleva piedrerías en el centro de mis pechos que lo vuelven más sofisticado y glamuroso.
—¿Cuándo regresas? —pregunto con interés.
—¿No me he ido y ya me extrañas? —Alza una ceja y ladea una sonrisa coqueta.
Ruedo los ojos.
—Ya quisieras. —Su sonrisa se ensancha más.
—¿Así es como trata a su esposo, señora de Arafat? —doy un respingo cuando siento su rostro cerca de mi oreja. Volteo la cabeza dispuesta a decir un comentario cortante, pero me arrepiento al ver lo cerca que han quedado mis labios de los suyos, basta con un solo movimiento para que estos se junten.
Mi cara arde de la vergüenza, su acercamiento me pone nerviosa y no sé exactamente por qué.
«Porque es el hombre más sexi que has visto»
Habla mi voz interior.
Sus ojos azules conectan con los míos, temo que moriré de un paro cardíaco si me sigue mirando así. Se acerca cortando la distancia y cierro los ojos inmediatamente aguantando la respiración. Suelta una risita haciendo que abra un ojo viéndolo confundida.
—Tranquila, no te voy a besar en los labios. —Plasma un beso en mi mejilla y se aleja —al menos no lo hago sin preguntar antes.
«Idiota»
Mi cara debe parecer un tomate porque siento las mejillas encendidas, ladeo la cabeza hacia la ventana simulando ver el exterior.
—Aunque viéndolo bien, estaríamos a mano, ¿No? —abro los ojos como platos y lo escucho soltar una estruendosa carcajada que hace sobresaltarme en el asiento. —Tu cara fue todo un poema.
Bufo en respuesta.
—No creas que quería besarte, si lo hice fue para que tu ex dejara de mirarme con recelo. ¿Piensas que sospeche? —ladeo la cabeza pero esta vez me aseguro de estar lo suficientemente lejos de su rostro.
—Aún está enamorada de mí, lo más probable es que te odie y por eso te veía así. —Comenta encogiéndose de hombros —siéntete afortunada, muchas desearían estar en tu lugar. —Me da una sonrisa egocéntrica.
Ruedo los ojos de nuevo.
—Sí, me imagino —digo con sarcasmo.
«Engreído»