El calor en mi espalda era excesivo, sumado al que tenía en el pecho y las piernas.
Éramos un pretzel y no me estoy quejando.
¿Cuánto tiempo soñé con esto?
Desde que lo vi por primera vez.
Henry se convirtió en mi fantasía.
Mi amor imposible.
Mi hombre.
Lo escuché gruñir y lo siguiente que supe es que él ya no estaba.
El frío fue una sensación horrible.
Me gire y lo busque en la habitación.
Lo que vi me aterró más que la noticia de que Exekiel ya no estaba con nosotros, amaba tanto a mi hermano.
Henry estaba en un rincón, acurrucado, pero no lloraba.
Su presencia se imponía con odio y poder.
Sky entró de repente en la habitación cerrando la puerta y bloqueándola.
Ella me miró, pero en su mirada no había odio o ira.
Lastima, pura lástima.
—Todo va a estar bien—repetía una y otra vez la gemela de mi hombre.
Él clavó su mirada en mí y por impulso me puse a la defensiva.
Tantos siglos luchando para Padre me habían enseñado que cuando alguien te mira de esa manera solo es para una cosa.
—Quiero que regreses a los Cielos y no vuelvas—gruñó Henry poniéndose de pie.
Antes de que pudiera decirle algo una energía me rodeó.
Mejor dicho fueron dos energías.
La luz y la oscuridad reinarán juntos pensé al sentir la energía espiritual de los gemelos a mi alrededor.
Tanto poder ¿a qué le temes Henry?
Cerré los ojos sin poder hacer nada para evitar ser teletransportada a los Cielos.
Al abrirlos estaba en un campo de rosas.
Estos no son los Cielos.
—Mis hijos son algo caprichosos cuando se lo proponen—dijo Ann en mi mente, su voz se escuchaba serena, pero su presencia en ese lugar era todo lo contrario.
Me gire y la vi en posición de meditación sobre una roca de cristal n***o, una piedra antigua que sólo existe en el Mundo Espiritual.
Aunque ahora la familia Real de Todas las Razas tiene varios fragmentos en joyas.
—Él te ama como jamás ha amado alguien—dijo ella cuando intentaba dar un paso.
Mi cabeza dolió por un segundo y al siguiente no estaba allí.
Estaba…
La sangre a mi alrededor, el dolor en todo mi cuerpo.
No tardé mucho en ubicarme porque el grito desesperado de Henry me hizo girar.
El reflejo fue perfecto.
Detuve la estocada mortal.
Devolví un golpe y recibí otro, pero cuando estaba llegando a mi límite, aún cuando apenas había hecho dos movimientos un Lobo blanco tomó de la pierna a mi contrincante.
¡Azrael!
Caí de rodillas.
La sangre a mi alrededor fluía como un río.
Era mi sangre.
Estaba muriendo.
Henry apareció en mi campo visual, la poca vista que aún me quedaba.
Decía algo, podía ver sus labios moverse, su cabeza buscando algo o a alguien.
Ayuda.
Moví mi mano, él la acercó a su rostro.
Quería decirle cuánto lo amaba, cuánto lo amo y siempre lo amaré.
En esta existencia o la siguiente.
La vida me abandonó y flote en el aire.
A un lado de la escena Ann me esperaba mirando a su hijo sufrir.
—Es una pesadilla, la tiene regularmente, Sky está preocupada de que se salga de control, ambas no logramos ver más allá de este punto, mamá dice que no es el final, solo un nuevo comienzo—dice ella mirándome.
—¿Él sabía que Azrael atacaría?—pregunté dándome cuenta de lo que sucedía a mi alrededor.
La escena montada en el lugar era un campo de batalla.
Los muertos siendo llorados por doquier.
—Lleva varios años viendo esto, él jamás vio todo así, siempre te veía a ti luchando contra un enemigo sin rostro, él no lograba salvarte aún sabiendo los movimientos que debía hacer—dijo ella sacándonos de allí.
Regresamos al Mundo Espiritual de los Vampiros.
—No me ocultaré, no miraré de lejos mientras otros luchan por mi—dije parándome frente a ella.
Ann me miró durante unos segundos y cuando pensé que me iba a decir algo con señas ella solamente me abrazó.
—Mamá dice que el amor es la fuerza más grande de este mundo, no hay un amor más grande que el que siente Henry por ti, si hay una manera de ganar esta guerra será con toda la familia reunida—dijo ella para alejarse de mí lo suficiente, pero sin soltarme del todo.
Una luz nos rodeó y volvimos a aparecer en el jardín de la casa del lago.
Los niños más pequeños jugaban con sus niñeras.
Algunos adultos solo disfrutaban del día al aire libre.
—Henry cree que tenerte cerca te matará, mamá dice que es todo lo contrario, ella ha visto que ganamos, pero no puede decirnos cómo lo hacemos, esta guerra no solo está afectando al Dios Creador, la Diosa Luna y el Dios Sol han hablado con nosotras, Azrael no se detendrá al ganar aquí, debemos detenerlo o el mundo será destruido sin un equilibrio que lo sostenga—dijo ella en mi mente mirándome con seriedad.
—Charlotte, Ann, ¿porque están allí? Vengan el desayuno está servido—dijo Hannah desde la galería de la casa.
—Henry y Sky son una parte de ese equilibrio, pero Gabriel y tú son parte de su propio equilibrio, son mitades de un solo ser, en este caso cuartos—dijo ella para comenzar a caminar hacia la casa.
Todos los cachorros corrieron a nuestro alrededor.
Varios de ellos intentaron molestar a Ann, pero la heredera al trono los hizo levitar y solo se rieron aún más.
Al entrar en la casa note que el salón estaba lleno, toda la familia estaba reunida en un solo lugar, también había varios cercanos como el Rey de los Pumas y su familia.
Henry se descolocó al verme, pero inmediatamente miró a su mamá que le dio una sonrisa superior.
Se levantó de la silla y gruñó en su dirección.
—Henry ese comportamiento en la casa no—dijo Francis mirándolo desde el otro lado de la mesa.
—Ya cachorro, no es ni el momento ni el tiempo de demostrar que le puedes dar una paliza a tu padre—dijo Reichel levantándose de los brazos de su esposo.
Ella caminó hacia mí mientras Henry seguía mirando a Ann con ganas de demostrarle todo menos cariño.
—La luz y la oscuridad reinarán juntos, muchos dirían que tu eres luz, pero yo veo oscuridad en ti—dijo ella al quedar frente a mí.
La visión fue un destello, un simple abrir y cerrar de ojos.
La luz y la oscuridad reinando juntos.