Imaginar la caída estrepitosa de un astro tan hermoso como el Sol, sería algo inaudito, imposible de imaginar, indescriptible y horrible, la luz se iría con él, y los seres humanos no están preparados para el monto de oscuridad que vendría con ello, no podrían con el dolor de saber que la desolación será parte de su sí mismos a cada paso y, la llama de la vida se extinguirá poco a poco, entonces, ¿así se siente caer?, imaginar que el corazón es el sol y el alma la luna sería un buen indicio, necesitando de ambos para mantenerte vivo, el cuerpo sin un corazón no funciona, el cuerpo sin alma, está igual de muerto, y saber que, aquello impensable viene de la mano de quién nunca podría ser posible, de quien te ha ofrecido el manto de protección que te ha mantenido con vida, quien ha sido tu cielo, de la estrella más brillante y hermosa, de la que proveía de luz a tu alma, dejando esta marchita y vacía, carente y triste, ¿Qué queda?, Sólo eso, caer.
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CAER:
Duele, duele mucho, era lo único que podía pensar entre mientras el quinto trago caía por su garganta y quemaba, lento y caliente, burbujeando hasta desaparecer en su estómago, dejando un ligero picor a su paso.
Alex estaba herido, herido y dolido por alguna razón que ni siquiera tenía sentido por el mínimo hecho de que la persona que lo provocaba ni siquiera era consciente de eso.
Vincent no lo amaba, y Alex nunca había tenido el valor suficiente para decirle cuánto lo deseaba, posiblemente fue lo mejor, Alex no estaba preparado para un rechazo, de hecho no lo estaba para nada en lo absoluto, demasiado apegado, demasiado enamorado, tan tímido y tan solitario que no podía darse el lujo de perderlo.
Ni siquiera toda la imaginación de Alex y los múltiples posibles y horribles escenarios que había creado en su mente durante toda su vida respecto a cómo de la manera más drástica y patética posible terminaría su relación con Vincent pensó en esto.
«Voy a casarme», había dicho Vincent.
No, Alex simplemente no estaba preparado para eso.
Su enamoramiento por Vincent empezó posiblemente como el de cualquier adolescentes, mucha cercanía y sonrisas tímidas, el cuidarse la espalda el uno al otro, ser amigos en las buenas y las malas, amistad que creció y fortaleció con el paso del tiempo así como cualquier cosa referente al pelinegro que creciera en su interior.
La adolescencia es dura, con ella vienen cambios y uno de estos es dejar atrás esa niñez preciada para comprender que el mundo está lo suficiente jodido para ir por él con una sonrisa.
La vida es como una llama que quema, profundo y reduce a cenizas en un abrir y cerrar de ojos el alma de quien sea su víctima, sin embargo Alex sobrevivió, de hecho podría decir que lo único que habría podido matarlo fue la primera vez que Vincent se acercó con una sonrisa en el rostro y le dijo: Tengo novia.
Alex tembló, por dentro todo en él se removió en disgusto y sólo pensó en que posiblemente de una manera no muy bonita perdería a quien consideraba su mejor amigo, para ese entonces con apenas doce ni siquiera se le pasaba por la cabeza que esas sensaciones le iban a arrastrar a un abismo asqueroso y frío del que nunca podría salir.
Alex lleva ocho años enamorado de su mejor amigo, y lo peor es que este no lo sabe.
Porque es demasiado estúpido para ver como los orbes del castaño simplemente destellan con solo verlo y su atención se concentra en su persona dejando de existir cualquier otra cosa.
También cabe la posibilidad de que el miedo al rechazo, la angustia e incertidumbre heterosexual de Vincent haya orillado a Alex a tomar la decisión de nunca decirle la verdad.
Quizás incluso el hecho de que el peligro si bien no era homofóbico Alex a veces podía denotar la incomodidad en sus hombros tensos cuando sus amigos Matt y Lucian se ponían demasiado cariñosos.
Alex no quería eso con él.
El rubio había aprendido a conformarse con las sonrisas, besos en las mejillas, apodos mimosos y abrazos de osos que el pelinegro le regalaba en cualquier lugar mientras le repetía que era suyo y nunca podría irse.
Le hacía sentirse querido.
Bien.
Necesitado.
Alex sabía que no era sano, de hecho a su alrededor todos posiblemente sabían su secreto, y si bien le decían que se alejara y tomara otro camino él, no se creía capaz de hacerlo.
¿Qué le diría a Vincent cuando preguntara el por qué su mejor amigo había decidido tomar distancia?.
Si lo hacía, Alex tendría que ser sincero y dejar en tela de verdad todo lo que ha estado ocultando por años, las sonrisas falsas, las felicitaciones carentes de sentido, los bueno deseos lleno de veneno, las veces que lloró hasta la madrugada cuando Vincent le presentaba una chica nueva, cuando los veía besarse incluso cuando se quedaba en casa del peligro y sin poder hacer más nada que moderna la almohada para calmar sus desesperados gritos y lamentos de ira tenía que oír el placer que le provocaba fundirse en el interior de la chica que ocupara su cama.
Y aún así, Alex siempre se quedó.
Porque realmente no r la razones para irse, era su culpa, en su mente él había cometido el error de enamorarse de su mejor amigo, de velo más allá de lo fraternal, de querer verse bonito para él, de sacarle una sonrisa, de que recibir su atención, sentir sus brazos y por esos soñados te amos que nunca serán destinados a él.
Me voy a casar.
Y Alex lloró, hace tiempo no lo hacia, de hecho habían comenzado a apagar su frustración, soledad y tristeza con sexo, habían muchos hombres dispuestos a eso, y Alex sabía o atractivo que era, todos sus candidatos era altos, fuertes, con tatuajes y cabello n***o, el típico bad boy que le encendía lo suficiente para tener una simple rollo y no recordar su nombre después.
La primera vez fue cuando delante de todos durante una fiesta donde asistieron las amistades que compartían en común, Vincent le canto a Rose, una bonita chica de cabello n***o, piel blanca y hermosa, con una particular forma de ser entre dulce y venenosa que en su muy particular opinión era imposible de odiar, esa noche Alex tuvo que por como este se le declaraba delante de todos, y gritaba que la amaba.
Alex estaba lo suficientemente dolido, como si tuviera derecho para largarse de ahí, irse a un bar y terminar en las sabanas de un desconocido que jamás volvió a ver.
Vincent se enteró al mes de comenzar con tal récord, al comienzo parecía furioso, cabe decir que Alex era virgen, por un momento el rubio creyó que quizás todo no estaría perdido, si la reacción del pelinegro era esa, podría tener un poco de interés en él, así que con esa idea terminó llevando uno de sus ligues a las reuniones de amigos, lo único que Alex puede recordar claramente es la risa irónica de Vincent al mirar al chico que le acompañaba y nunca más siquiera voltear a mirar cuando se enteraba de que Alex parecía no importarle con quien compartía cama.
Alex había pasado muchas cosas, perdido buenos hombres porque su inservible amor parecía tenerlo segado, así que ahora sólo le quedaba llorar, sin merecerlo, porque Vincent era feliz, estaba enamorado de una hermosa chica y había decidido unir su vida a esta.
¿Y él qué?.
Alex lloraba y tomaba como idiota, llamando la atención de todo en el bar, sonrió y negó pidiendo otra botella al bartender, no le importaba, no tenia trabajo, estaba solo y su corazón lo suficiente roto para importarle una reverenda mierda lo que cualquiera pudiera decir.
Alex Dubois había caído, lo suficiente bajo para sufrir en silencio durante años por un amor que nunca sería correspondido, las humillaciones se las creaba el mismo, muriendo por un hombre que nunca volteo a verlo, perdiendo el tiempo y dejado correr su vida, y ahora, Vincent daría otro paso, mientras él, se quedaba atrás.
El hueco era húmedo y oscuro, había caído en él, y no sabía cómo salir.
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Estiró la mano a tiendas buscando el celular, respondiendo al tercer tono aún medio dormido.
—¿Si?.
"¿Es Vincent Cassell?."
Vincent frunció el ceño y se incorporó de la cama quedando sentado, antes de levantarse y salir de la habitación evitando despertar a Rose.
—Sí, él habla.
"Buenas noches señor Cassell, le hablamos desde Londres’s Hospital, tenemos un paciente con el nombre de Alex Dubois, sale usted como su contacto de emergencia."
Vincent tembló, para ese instante lo suficiente despierto, miró alrededor intentando localizar su abrigo, tirándose la prenda sobre los hombros, tomando llaves, billetera y colocándose los zapatos.
—¿Está bien?—la mujer al otro lado se tomó un segundo antes de responder.
"Debería venir, señor Cassell."