Tomé asiento en uno de los primeros del autobús, junto al equipo, cogoteando disimuladamente para ver quién subía por la puerta. Desgraciadamente, aunque ya lo suponía, no fue Jimin quien se mostró voluntario para ocupar el lugar faltante.
-Hola -murmuró Minnie con una sonrisa tristona, arrastrando un gran bolso.
Me levanté para ayudarla a ponerlo en el hueco de arriba y luego nos sentamos.
-¿Por qué no has guardado el bolso con los demás en la parte de carga? -murmuré.
-Oh, ese no es mi bolso... bolso. Es sólo mi neceser.
Arrugué la nariz. ¿Neceser? ¡Parecía que llevaba el armario entero!
-Oye, lamento haber sido yo la que tomó el lugar -murmuró mi amiga cuando el autobús se ponía en marcha.
A diferencia de la última vez éste no paro, sino que tomó la ruta detrás del autobús del equipo de baile. Suspiré y sonreí.
-¿Por qué ibas a lamentarlo? Prefiero a ésta Jimin mil veces que al otro Jimin -hice una mueca-. Aunque lamento que no te hayas quedado en el otro besuqueándote con Hobi.
-Aish, pues yo no. Es que Hobi es muy bueno besando y eso pero a veces mete mano y... ¡Aigoo! ¡Que no entiende que en público yo!
Nos reímos y al rato asomó la cabeza de Yoongi delante de nosotras, sobre sus asientos.
-¿De qué se ríen?
-Pero mira, Is, la chusma de enfrente.
El muchacho frunció el ceño y entrecerró los ojos.
-Ahora mismo me bebí mucho, así que no seas así -balbuceó el rubio.
Volvimos a reírnos y yo sacudí la cabeza.
-No puedo creer que con un par de cervezas te pongas así, Min Yoongi -dije, negando con la cabeza-. Es realmente decepcionante.
-¡Pero es que yo tengo un problema en la panza que no puedo beber!
-¿¡Y entonces por qué tomaste!?
-Alcohol, nena. Nunca se le niega a nadie una buena cerveza.
-Pues ya date la vuelta -Minnie estiró la mano como si fuera a pegarle y éste se hizo hacia atrás como si su vida dependiera de ello-. Que estábamos en cosas privadas.
-Pero es que me aburro...
-¿Vas a escuchar nuestras conversaciónes de chicas?
-¡Oh, sí! ¿De qué hablaban? ¿De los chicos? -saltó de su asiento y se metió en el nuestro, entre nosotras. Se dió un par de palmaditas a las piernas desnudas, pues aún llevaba los shorts rojos del equipo, y sonrió mostrando las encías. Parecía un niño del kindergarden-. ¿Estaban hablando de lo grande que la tienen Jimin y Hoseok? Porque, créanme, se las he visto y no es nada...
-¡Shhhh! -exclamó Minnie, riendo, mientras yo le daba un golpe en el hombro-. ¡Nadie está hablando de tamaños aquí!
-¿Qué? ¿Hoseok aún no te ha desvirgado? -mi amiga se sonrojó y Yoongi soltó una carcajada-. Lo sabía: está cagado de miedo.
-Oye, no es así. Él es... un caballero.
-Pero tú no eres ninguna dama... ¡Auch! ¡Dejen de pegarme!
-Es que sólo podemos hacerlo cuando estás ebrio -traté de explicarme con una sonrisa angelical.
-Chicas, ¡ustedes son unas malas amigas! ¡Ya no puedo confiar ni en mis amigas! -se levantó con las palmas levantadas, imitando un gesto que pretendía ser afeminado.
-¡Eh! ¡Que no somos así! -se rió Minnie.
-Somos rudas, no malas -acepté.
-¿Rudas? -Yoongi abrió la boca en sorpresa-. Ya me lo imagino que sí: de seguro Minnie trafica armas ilegales e Isabelle tiene un tatuaje justo debajo de...
-¡Cierra la boca! -lo empujé, y él hizo un exagerado gesto de dolor-. ¿Y tú? ¿Tienes alguna chica esperándote en Daegu?
-Si -hizo una dramática pausa-. Mi madre.
-¡En serio!
-¡Que no! ¡Ninguna chica! -sacudió la cabeza y luego puso gesto pensativo-. A decir verdad, no salgo con ninguna chica hace mucho tiempo..
-¿Y algún chico? -inquirí.
Minnie me miró muy asombrada y yo me limité a encogerme de hombros. Yoongi seguió pensando hasta que encontró una respuesta.
-No lo había pensado...
-¿¡Qué!? -Minnie abrió mucho los ojos-. ¡Omo! ¿En serio?
-Pues a decir verdad esta éste chico... ¿Cómo se llamaba? ¿Baekmin?
-¿Qué tiene?
-Que está muy bueno...
-¡Yoongi! -se me escapó una risita-. ¡Ve a hablarle!
-¿¡Qué dices!? ¡Pero si yo no soy gay! -hizo una mueca y se levantó-. No se que se piensan. ¿No puedo admirar la belleza de alguien y que no me guste?
-Dijiste que "está muy bueno", Yoongi...
-Es que lo está. ¿¡Han visto su barbilla fuerte!? ¿¡Sus glúteos!? ¿¡Han visto cómo se le marca la remera cuando...!? ¿Qué? ¡No me miren así! ¡No soy gay! ¡Aigoo! -volvió a su asiento, ofuscado.
Minnie y yo nos miramos un segundo y luego hicimos chocar puños.
-¿Sabes que es lo genial de llegar un viernes por la noche a casa? -inquirió Minnie mientras sacaba su bolso del compartimiento-. ¡Que aún nos queda el fin de semana!
-Es verdad -murmuré, pensando en que me dedicaría a escribir sobre James y Darla; y llegado un punto se me haría muy triste. Es decir, los adoraba, pero... ¿Cuándo empezaría a vivir yo también? ¿Volvería a hacerme esa pregunta seguido? ¿Tenía esto que ver con...? Sacudí la cabeza-. Supongo que siempre se puede hacer una maratón de Harry Potter.
-¿Otra vez? Vemos esa saga al menos una vez al mes
-¡Es que es Harry Potter!
-Ya me aburrió...
-Avada Kedavra.
Minnie me miró con gesto ofendido y luego me hizo una seña para que me apresurara a bajar del vehículo.
El montón de estudiantes excitados, sudorosos y llenos de bolsos y valijas se encontraban aún frente a los autobuces hablando con los profesores. Distinguí la cabellera anaranjada de Jimin e inconscientemente me hice hacia atrás y... bueno, me arrepentí al instante. Nada más darme cuenta de que Jimin hablaba con su ex novia malvada me puso la piel de gallina, y aparté la mirada lo más rápido que pude.
¿Eso era? ¿Yo le había ignorado un par de días y ahora él era todo amores con su ex novia, borrón y cuenta nueva? ¿Era una broma? ¿¡Era imbécil!? Ya ni siquiera le deseaba estar con una persona como yo, ¡pero menos que menos le deseaba estar con una como esa chica!
-Jiminnieeee -canturreó Hoseok corriendo hacia nosotras. Dejó las maletas en el suelo y le dió un beso apasionado a mi mejor amiga. Me los quedé mirando, embobada, pues era una imagen digna de apreciar-. Te extrañé.
-Y yo a ti, Hoseokiiiieee.
-Ay chicos, pero qué repugnante -comentó Yoongi al pasar; quien se tambaleaba considerablemente mientras arrastraba su bolso deportivo por el césped del campus.
Realmente no creía que llegara muy lejos a ese paso. Pobre chico ebrio.
-En serio, me dan envidia -fingí un puchero.
Hoseok me miró y hubo algo en su mirada, algo que me hizo retroceder y tragar saliva con dureza.
-¿Por qué tendrías envidia? Podrías tener a tu lado a alguien si eso quisieras... -murmuró.
-Créeme: ya la he cagado. Y no es que él se haya comportado muy bien tampoco.
-Hobi no mencionó a nadie en particular -acotó Minnie, sonriendo victoriosa-. Dime: ¿en quién estabas pensando, eh?
Los miré a ambos. Los dos me miraban con sonrisas burlonas.
Este par de idiotas están hechos el uno para el otro.
-Saben perfectamente que estaba pensando en Jimin -me giré y le eché un vistazo al muchacho. Éste ya se había separado del grupo e iba solo por el campus-. Además, él...
-Ve.
-¿Eh?
-¡Ve a hablarle!
-¿Qué? No.
-¡Anda! ¡Trágate el orgullo!
-¡Ni de broma!
-Él no tiene la culpa -Minnie me miró con el ceño fruncido, soltándose del agarre protector de su novio-. Ni tu tampoco. Arreglen las cosas.
-Creí que estarías de mi lado, amiga -murmuré enfadada, antes de tomar mi bolso y comenzar a caminar hacia nuestro edificio.
-¡Isabelle! -exclamó a mis espaldas, pero ni siquiera me digné a girarme.
¿Por qué seguían molestándome con Jimin? ¡Entre nosotros las cosas habían terminado tan rápido como empezado y eso estaba más que claro con todos los acontecimientos recientes!
"-¿Sabes una cosa, Isabelle? Vete a la mierda"
"-... Vete a la mierda"
"-... A la mierda"
Reprimí el impulso de arrojar mi bolso y salir corriendo. Lo único que quería era llegar a casa y darme una ducha de agua muy caliente, y eso fue justo lo que hice ni bien puse un pie en mi apartamento.
La puerta de la entrada se abrió y se cerró, y yo sentí un remordimiento de angustia en el pecho.
-¡Minnie! -exclamé, cerrando el grifo del agua. Una ola de vapor se levantó por todo el cuarto de baño, tan densa que apenas podía ver-. ¡Minnie lamento tanto lo que dije! ¡Sé que en parte tienes razón!
Tomé el toallón blanco del perchero y me lo puse al rededor del cuerpo, apretándolo con una mano. La puerta del baño se abrió y yo entrecerré los ojos, pues con tanta nube no podía ver bien el rostro de mi mejor amiga.
-¿Minnie? Lo siento... -me acerqué a ella-. ¿Estás enojada?
La muchacha cerró la puerta del baño, dejándonos adentro. Entrecerré los ojos, curiosa. ¿Por qué iba a hacer algo así?
-No está enojada, tranquila -murmuró una voz.
Una voz que, pese a no ser demasiado grave, no era la de mi mejor amiga.
Abrí los ojos como platos y retrocedí hasta que mi espalda tocó los azulejos blancos de la pared. La figura recortada por la nube se apareció frente a mí, con sus pantalones de jean rotos y su remera blanca holgada. Su cabello naranjo despeinado y sus labios carnosos rojizos de tanto morderlos.
-J-Jimin...
-Hola, Belle -el muchacho parecía afligido. Al menos así sonaba su voz-. Lamento haber interrumpido tu sesión de ducha.
-N-no ya... Ya había terminado.
Sonrió sin mucha felicidad y se acercó aún más a mi. Tanto que sus converse verdes estuvieron frente a mis pies desnudos y húmedos, y tuve que echar la cabeza hacia atrás para verle a los ojos.
-Belle, yo... -me miró a un ojo y luego al otro, nervioso. Sus cejas prácticamente se juntaban de preocupación y abría y cerraba la boca como un pez, sin saber bien qué decir-. Lamento lo que pasó. Lamento por todo lo que tuviste que pasar, y odio lo que te hicieron y... Y las odio a ellas... -se rascó la nuca-. Hablé con ella... Le dije que te dejara en paz, que no se pusiera más humillación a ella misma. Pareció molesta, pero dijo que lo haría -sacudió la cabeza-. Belle por favor perdóname. Fui un idiota y lo siento y...
Lo acallé tomando su rostro entre las palmas de mis manos y besándolo. Es que ya no lo aguantaba más, ¿por qué tenía que pedirme perdón? Si bien su belleza causaba alboroto no era su culpa, ¿no? Como la Helena de Troya.
Cuando me hube separado de sus labios vi que me miraba algo sorprendido.
-Yo lo siento. Fuí una imbécil.
-Eso no es cierto -me pasó la yema del dedo por la mejilla-. Tu no tienes la culpa de nada.
No me contuve y volví a besarlo con intensidad, mordisqueando sus labios y apretándolo contra mí. Cuando Jimin reaccionó a mi necesidad llevó sus manos a mi cintura y me apretó contra sí, aflojando la toalla que cubría mi cuerpo. Me separé un poco de sus labios, sonrojada.
-Jimin, yo... Debería ponerme algo.
-No, esa toalla te queda jodidamente bien -volvió a besarme.
Metí la lengua en su boca y le oí gemir bajito, cosa que me dió el paso a subir una pierna y enrollar a la suya. Jimin se agachó un poco, puso las manos en mi trasero y me levantó. Me abracé a su cadera con las piernas y agradecí a todos los Dioses por volver a sentir la magnificencia de su m*****o erecto contra mi feminidad.
Gemí de placer cuando se apretó contra mi y levanté los brazos para enrollarlos a su cuello. En el proceso, la toalla bajó hasta mi ombligo, rebelando mis pechos. Tu la necesidad de cubrirme, pero Jimin me sostuvo los brazos y se apartó un poco de mi para admirar mi semi desnudes. Me sonrojé hasta las orejas y aparté la mirada.
-Jimin, mierda, no hagas eso.
-¿Qué? ¿Mirarte? -sonrió-. Pero si eres hermosa. ¡Todos deberían admirar tal belleza! -frunció el ceño-. No es cierto, que nadie te vea.
Me reí y asentí. Luego llevé las manos al borde de su blusa y tiré de ella. Jimin captó mis intenciones y se la quitó por la cabeza, de un tirón. Admiré sus biceps, sus abdominales y sus brazos fuertes y Dios, esa piel dorada del Caribe. ¿Cómo era posible que este ser humano fuese real?
¿De ésto estaba perdiéndome?