No es que odie ser el menor del clan. A veces incluso tiene ventajas. Pero si hubiera nacido antes que León, quizá no estaría escuchando órdenes todo el tiempo como si fuera un niño. Maldito rango por edad. Maldita jerarquía que pesa más que cualquier argumento. Aun así, lo que sí odio, profundamente, es no poder decidir. Porque desde que vi a Natalia por primera vez… dejé de ser dueño de mí mismo. Después de espiarla en silencio cada noche, tras la primera vez, mi mente ya no me pertenece. Estoy obsesionado con ella. Maldita sea, lo estoy. Es tan bella, tan delicada, tan femenina que resulta injusto. No es solo su cuerpo, aunque es una maldita provocación para los sentidos. Ella es ese contraste entre suavidad y fuerza callada. Ese cabello... jamás había visto a alguien con ese tono

