Hace un mes que David se ha marchado, no solo de nuestras vidas, también ha dejado el bufé, y se ha ido a otra ciudad. Me siento como si estuviera atrapada en una niebla espesa, sin saber hacia dónde ir. El silencio en la casa es insoportable. Carter se queda a mi lado. Me despierto más temprano de lo normal, los primeros rayos de sol atravesando las cortinas. Carter sigue dormido a mi lado, su respiración tranquila, su brazo aún rodeándome. Pero algo dentro de mí se siente vacío. Me levanto cuidadosamente, tratando de no despertarlo, y camino hacia la cocina, buscando algo que me distraiga. Mientras el café se prepara, no puedo dejar de pensar en David. Su ausencia se siente como una herida abierta. Sé que lo que pasó era inevitable, pero eso no hace que duela menos. La casa, que ha sid

